Reportajes

- VIVI GARCÍA

Rallycross: el espectáculo perfecto

La máxima categoría del Campeonato del Mundo gana cada vez más adeptos gracias a sus potentes mecánicas y la espectacularidad de las carreras. ¿Estamos ante los Grupo B de nueva generación?

No… no me llaméis sacrílego, pero esta es una pregunta que podéis contestar vosotros, los que seguís el Mundial de Rallycross, los estuvisteis en Montmeló, o los que estaréis… Sí, lo afirmo de manera rotunda: acabaréis yendo, os lo aseguro. Es un espectáculo que hay que ver más pronto que tarde, os encantará verlo en directo.

El Rallycross tiene todos los componentes que el apasionado de las carreras quiere experimentar, e ingredientes más que de sobra para que el no aficionado disfrute como loco y acabe prendado.

Reflexionemos. Hoy día cada vez hay que tener más afición para ir a ver una carrera, ya sea de circuito o un rallye, desengañémonos.

En un circuito, ¿cuándo puede empezar a ser aburrida una carrera? ¿a la vuelta seis, aproximadamente? ¿Cómo se pueden seguir las diferentes luchas si se dan en zonas del circuito que no se ven? ¿Por qué se investiga sistemáticamente el más mínimo roce entre dos coches buscando un culpable para sancionarlo?

Pero vayamos a los rallyes. ¿Cuánto cuesta la seguridad de un tramo (y nunca está garantizada al cien por cien)?. ¿Y los permisos para cerrar tal o cuál carretera? ¿Y los costes de organización? ¿Cuántos sacrificios tenemos que hacer para ver un rallye?... Y si es del mundial, apaga y vámonos: noches enteras de frío en el coche, grandes kilometradas a pie desde que aparcas y llegas a una determinada curva… y que luego que lo anulen. Sí, lo hacemos gustosos, es nuestra pasión pero, ¡bufff!... Eso sin contar la pasta en combustible, claro. Además, como el rallye sea de asfalto, ¡qué quieres que te diga!. Sí, sí, una velocidad de paso en curva brutal, pero coches sobre casi sobre raíles. Gana el más técnico, el que menos se sale de la línea ideal y el que lleva una electrónica más acertada … ¡Vamos la Play, en vivo! Se acabó aquello de deslizar en quinta a lo McRae, “tirando” el coche como en tierra antes de cada curva.

El concepto importa

¿Y si pudiésemos ver una especie de cóctel entre rallye y circuito, sobre un tramo de asfalto y tierra a la vez, todos con ruedas slick y de la misma marca, alrededor de 600 caballos en cada coche, eliminándose unos a otros en decenas de mangas de seis en seis, y donde la lucha cuerpo a cuerpo por meter el hocico en el ángulo antes que tu rival (que hace 300 metros te lleva a “codazo limpio”) con coches multitubulares como aquellas estructuras de los Peugeot 205 T16 o Lancia Delta S4, con motor central y pilotados por nombres como Sébastien Loeb, Petter Solberg, Mattias Ekström o Ken Block? ¿Y si nos lo pusiesen cómodamente ante nuestros ojos, sin perdernos un solo metro de carrera?... ¿Mola no? Pues eso, amigos míos, es el Rallycross.

Me da miedo incluso hablar de esto, pero todos sabemos que el futuro de los rallyes lleva un camino cada vez más difícil. Ahora pensamos en la Targa Florio o la Mille Miglia con una nostalgia hoy día irrealizable ¿Quién nos dice que en una década (ojalá me equivoque) pase los mismo con los rallyes actuales? Solo tenemos que ver la progresión del recorrido de un rallye del Mundial en los ’90 y lo que es ahora. En circuitos, los intereses y el empeño en garantizar la máxima seguridad hace que las carreras acaben siendo muchas veces anodinas. Antes, si te salías “hacías chapa” o te quedabas allí empanzado; ahora, salvo en contados circuitos, tienes que “devolver la posición”, o pasar por detrás de un “conito” si no quieres una penalización.

Al menos, a los de la vieja escuela nos pone aquello del “no limits” y el “power slide”, ver derrapar un coche cuya potencia sale de las ruedas como si no hubiese un mañana, que suspensiones y neumáticos tengan dificultad para transmitirla al suelo en su totalidad, que el piloto esté obligado a tener ese difícil equilibrio entre locura y cordura de la época dorada de los Grupo B, a finales del ’86. Ahora los requisitos de un piloto son otros, y desgraciadamente no hacen falta las manos de Jean Ragnotti ni los pies de Walter Röhrl.

Un formato ganador

Amigos, creo que estoy en posición de asegurar que el WRX es, hoy por hoy, la especialidad que más nos puede acercar a aquellos coches, el último reducto quizá, donde aún siga vivo aquel espíritu. De ahí su explosión y su éxito en poco tiempo. Sí, ya lo sé, falta la magia de la noche y de aquellos rallyes, pero parafraseando a los Rolling Stones esta especialidad “It’s only rock and roll, but i like it”.

Eliminatorias a cuatro vueltas, semifinales y finales a seis y, aunque veamos el pelotón de 3.600 CV (a razón de 600 cada coche) que a veces se estira algo, no nos engañemos: todo puede cambiar en el último metro y es fácil que no sepamos quién gana hasta la misma línea.

¿Y eso? Todo está pensado para el espectáculo. En cada manga todos los pilotos están obligados a realizar, al menos una vez durante cada manga, una Joker Lap, es decir, completar un giro pasando por un curva anexa al trazado. Esto obliga a recorrer algunos cientos de metros más, devolviéndote generalmente por detrás de ese rival que hace segundos desbordaba tu retrovisor.

Desde nuestra cómoda localidad vemos todos y cada uno de los metros del trazado y de las evoluciones de los pilotos… ¡Y qué pilotos!

Si encima tienes la suerte, como en mi caso, de que una marca como Monster, patrocinadora del certamen, te permita vivir esta experiencia de cerca y charlar con Petter Solberg o Ken Block, dos de los pilotos oficiales de la marca de bebidas energéticas, y te brinde la oportunidad de copilotar a Vaugn Getting Jr, bicampeón del mundo de drifting sobre un Mustang de 900 caballos (901 si contamos el del emblema frontal) para ver acercarse las cosas por las ventanillas laterales en lugar de por el parabrisas mientras el humo de goma quemada te permite respirar como si estuvieses en el epicentro de Seseña, y oír los gritos de miles de personas aclamando, os costará varias horas conciliar el sueño, os lo aseguro.