Rallyes

- Redacción

Carlos Sainz y sus “secretos”

Nunca está de más recordar que antes de ser una estrella mediática y deportiva, hubo un Carlos Sainz anónimo que era tan normal como el que más.

Estas son algunos momentos anecdóticos del campeón español:

1. Para “alimentar” su pasión por los coches, Sainz tuvo la idea de conducir él mismo los autos de las visitas que iban a su casa. Cuando Carlos tenía quince años (esto era en 1977), vivía en las afueras de Madrid y las visitas a su casa iban en coche. Desde la entrada de su casa hasta el garaje había “300 y pico metros, dos curvas, una placita y una pequeña recta”, explicaba. Tras valorar si había suficiente confianza con la visita para coger prestado el coche, Sainz bajaba “a buen tren” hasta la zona de aparcamiento. Incluso, a veces tenía copiloto. Eso sí, nunca hubo que lamentar un estropicio.

2. Cuando era crío, a Sainz le llevaba Demeterio al colegio. Este buen hombre era el encargado del mantenimiento de los coches de su casa. A veces, Carlos se ponía al volante del Seat 850 de su acompañante y un día, en la zona de aparcamiento del colegio hizo un par de trompos. Era pronto y aún no había nadie en la zona, pero el director le vio desde su despacho y le castigó con una hora adicional en el colegio, limpiando papeleras, durante dos semanas.

Bob Thomas / GETTY

3. La primera competición en la que Sainz tomó parte fue motociclista, como ha pasado con muchos de los grandes. El madrileño de 16 años falsificó la firma de su padre para sacarse la licencia deportiva, y a lomos de una Montesa Capra 125, hizo sus pinitos en el motocross, con algún que otro buen susto y la inevitable bronca paterna, pero nada grave.

4. El primer test sobre nieve de Sainz fue como alumno de Alain Coppier, reputado copiloto francés que daba clases de conducción sobre nieve en el complejo galo de Brides-Meribel. Coppier hablaba francés y Carlos inglés, por lo que no se entendieron, y Carlos fue a lo suyo ( y no precisamente lento) hasta que el francés, histérico, le ordenó detener el coche, un Peugeot 104 de tracción delantera. Su amigo Juanjo Lacalle le explicó a Carlos que iba demasiado deprisa, a lo que el futuro campeón respondió: “¿Y por ir despacio tenemos que pagar?” Lacalle fue el monitor de Carlos el resto de la jornada.

5. Carlos Sainz tiene mala memoria. Según propia confesión, necesita de notas muy detalladas de sus copilotos porque es incapaz de recordar “más de tres o cuatro curvas” de cada cronometrada. Un disgusto que tuvo, en su primera época en el Mundial, fue el robo de sus notas del Rallye de Finlandia de 1990.

6. El primer título de Sainz fue en el Campeonato Panda de Rallyes, con los menudos Seat, en 1981. El Panda era tan benigno con las gomas que el madrileño fue capaz de hacer todo el certamen con un solo juego de ruedas.

7. Tras ganar la Copa Renault Iniciación de circuitos, en 1982 y de quedar 3º en la Copa de España de Rallyes para Coches de Fabricación Nacional, Sainz logró el llamado Challenge Marlboro, galardón otorgado por la prensa especializada nacional. Ello le dio la oportunidad de correr en Inglaterra en el Festival de la Formula Ford inglés. Con los célebres colores rojo y blanco de la tabacalera, en el monoplaza llevaba el apelativo “Marlboro Challenge Winner”, por lo que su compatriota Antonio Albacete se refirió a él durante toda la reunión como “¡Eh, Winner!”. Sainz llegó a la final, tras clasificar cuarto. Nada mal para su debut en la categoría.

Red Bull

8. En 1984, Sainz sustituyó a Juan Carlos Oñoro en el equipo Opel oficial, para el Rallye Catalunya. Salvador Servià venció y Sainz fue segundo, tras el abandono de Antonio Zanini y su Ferrari 308. Antes de que Juha Piironen apodase a Carlos “Matador”, ya en el Mundial, Zanini, quien años antes dijo sobre el madrileño, “hay un chaval que corre con un Panda que nos va a retirar a todos”, apodó a Sainz “Bombardero”. El porqué lo explica Josep Autet, copiloto de Zanini, entonces: “Carlos debutaba con Opel, después de que Juan Carlos Oñoro dejase el equipo. Era joven, quería despuntar para asegurarse un volante para 1985, y atacaba siempre que tenía la ocasión. Era rapidísimo, una bomba. De ahí…”.

9. En el Rally 1000 Lagos de 1990, Sainz estuvo a punto de no participar ya que, mientras probaba su Celica en la noche anterior a las verificaciones, se encontró de cara con dos coches, al salir de un rasante. Tal fue la fuerza que el piloto tuvo que hacer para intentar frenar el coche para evitar un accidente, que se lesionó el tobillo izquierdo. El doctor y el masajista del equipo realizaron un sólido trabajo de recuperación y con una zapatilla de deporte, en vez de con su habitual botín, Sainz pudo competir y, más tarde vencer el rallye. De todos modos, en el primer tramo, el español hizo un trompo que hizo temer lo peor al médico de Toyota, pero el incidente se debió a que el pulsador del freno de mano quedó atascado, no a la lesión.

10. En el Rallye de Sanremo de 1990, Sainz tenía la oportunidad de ser campeón si, como mínimo, acababa tercero. Liderando en el último tramo de tierra, en la cuarta etapa, una curva a derechas que se cerraba tenía más grava que en la anterior pasada, el Celica derrapó se salió de la carretera, chocó contra un árbol y volcó. En unos veinte segundos ya había una multitud de aficionados dispuestos a ayudar a recolocar el coche. Lo lograron, a costa de perder más de dos minutos en el incidente, lo que le dejaba tercero. Los ataques de Dario Cerrato, cuarto, por desbancar al madrileño no surtieron efecto y aunque Toyota perdió el título de marcas, Sainz consiguió el primero de sus dos títulos.