Dakar

- Diego Pérez

Test de Mini X-Raid en Lima Bailando con las estrellas

Durante una sesión privada de tests del equipo X-Raid previos al Dakar tuvimos oportunidad de subirnos con Nani Roma en su Mini John Cooper Works Rally 4x4. Piloto y coche abruman por su extraordinario potencial a escasas horas de que comience la competición.

Son pocas las ocasiones en las que uno tiene una oportunidad de este calibre, y había que aprovecharlo. Era, por qué no decirlo, un inmejorable regalo de Reyes.

De modo que viajamos hasta Lima, en Perú, para vivir una extensa y completa jornada de tests de todo el equipo X-Raid, con los Mini John Cooper Works Rally 4x4 y Buggies como protagonistas, pero sobre todo con un plantel de pilotos que no puede ser de mayor calibre: Stéphane Peterhansel, Carlos Sainz, Nani Roma...  por citar a los tres “pilotazos” que tienen victorias absolutas en el Dakar.

Aunque los coches están ya a punto y bien a punto para afrontar el desafío peruano con todas todas las garantías, este tipo de jornadas sirven para hacer los últimos ajustes. Con todo el personal humano de Mini y X-Raid desplegado en la zona militar habilitada para la ocasión en las afueras de Lima, y con un montaje técnico y logístico a la altura de la Fórmula 1 –pero con ambiente mucho más amable y cercano–, la jornada fue muy fructífera, aunque nosotros acudíamos con el aliciente de saber que íbamos a poder subirnos en el asiento de la derecha Roma (de 46 años y con 22 participaciones en el Dakar a sus espaldas), siempre con el beneplácito de Álex Haro, copiloto de Nani y al que después de esta experiencia admiro todavía más.

Roma y su copiloto, Álex Haro, comentan detalles relacionados con el test. | D.P.

Así las cosas, tras comprobar Roma que todo estaba en orden en el coche, nos enfundamos mono, balaclava y casco para saborear el momento segundo a segundo.  

Tras la preceptiva contorsión a la que obliga entrar en Mini John Cooper Works Rally 4x4, nos intentamos acomodar en el bacquet, hecho a la medida de Álex y en absoluto a la mía, por lo que no iba a resultar muy cómodo. Pero daba igual. Arneses ajustados, interfonos conectados y la voz de Roma para preguntar si estaba todo OK.  “¡Por supuesto! ¡Y con ganas!”, repliqué.

Ante mí, toda la instrumentación de control del coche y de navegación, quizá menos aparatosa de lo que esperaba. Marcha atrás para salir de la asistencia y camino de un trazado de pruebas de unos 9 kilómetros que tenía de todo, pero sobre todo dunas y arena, el elemento protagonista de esta edición del Dakar en Perú.

El motor diésel, muy mejorado y potenciado según me dice Roma, tiene un rumor ronco, pero que se siente con ganas de gritar. ¡Y arrancamos! La primera zona, con leves subidas, bajadas y curvas entrelazadas me sirve para comprobar cuán controlada tiene Nani la situación. Y es que el coche se adapta tanto y tan bien al terreno que todo parece fácil. Destaca lo que el piloto define acertadamente como “flotabilidad”, consecuencia de cómo el trabajo en el chasis y la suspensión permite absorber todo lo que se encuentra a su paso. Las manos de Nani trabajan con una precisión total, anticipándose a las reacciones del coche en el recorrido, y eso sin tener a Álex cantando las notas. El mejor reparto de pesos y el equilibrio general del coche se nota, aunque estamos en el desierto y en cualquier lugar hay un sobresalto que en mi espalda se tradujo en un “crack” que me hubiera asustado de no ser por la excitación y el alto nivel de adrenalina del momento. No sé cómo Álex Haro es capaz de aguantar tanto traqueteo y rebote, sobre todo teniendo que leer notas y buscar referencias continuamente. Bueno, sí, con una extraordinaria preparación física, como luego me confirmó. No hay que olvidar que estamos hablando de deportistas de élite...

Después de esa zona llega la subida a la duna más grande, lo que yo hubiera catalogado de “montaña” pero que el Mini John Cooper Works Rally 4x4 digiere como si fuese un suculento manjar. ¡Qué par tiene el motor diésel de 3 litros y 6 cilindros de BMW! El poder del turbo lo lanza como un cohete y mantiene su fuerza de manera incansable. Ahí sí que ruge el motor...

Al llegar a la cima encontramos polvo de otro de los coches de tests. Estaba cerca y nos dejó prácticamente sin visibilidad, algo que Nani me confiesa que es lo que peor se lo hace pasar en una etapa. Lo cierto es que la sensación no es agradable, y además despista mucho.

Como estábamos de test, paramos, dejamos pasar unos segundos y seguimos navegando entre dunas. Sigo deslumbrado por la capacidad del Mini, y no me extraña que en manos Roma haya ganado en 2018 la Baja Hungría, el Turkmen Desert Rally y la Baja Portalegre. Es ahora un coche perfecto.

El Mini John Cooper Works Rally 4x4, listo para la acción. | D.P.

Ya de vuelta, queda por bajar la “montaña”, algo que Roma también despachó con una naturalidad y sencillez que casi me llamó más la atención que el pequeño vuelo con el que cerramos la experiencia.

¿Nani podrá ganar el Dakar? Con Álex como copiloto, y con un coche tan fiable, robusto y potente, no tengo duda, pero lo Buggies tienen características que sobre el papel les hacen ser favoritos en un recorrido tan arenoso, sobre todo en manos de los expertos como Peterhansel y Sainz, sin olvidarnos de Al-Attiyah en Toyota o Loeb con el Peugeot 3008 DKR privado. De todos modos, este corto Dakar, el Dakar que algunos consideramos será el de los copilotos por el desafío de la navegación en Perú, tiene muchas trampas ocultas. 

¡Que gane el mejor! Y que sea uno de los nuestros...