Fórmula 1

- Josep Lluís Merlos. Foto: Sutton Images

Alonso en Indianápolis: twittean, luego cabalgamos

Josep Lluís Merlos opina sobre la participación de Fernando Alonso en la Indy norteamericana.

Los dos accidentes simétricos de Giovinazzi en Shanghai. El de Stroll (al que golpeó Checo) en la misma pista. Dos ejemplos que demuestran que para pilotar con seguridad un F1 hace falta algo más que haber demostrado un cierto cuajo en las categorías de acceso, y que los puntos de la súperlicencia deberían ser algo más que una hoja Excel.

Que en Williams tuvieran que recorrer a Massa para cubrir la partida de Bottas, o que en McLaren hayan recuperado a Button como eventual para la plaza del “americanizado” Alonso, demuestra que el acceso a la máxima categoría para los más jóvenes es algo terriblemente complicado, aún contando con el dinero para hacerlo. No sólo se trata del temor de los equipos a que les chafen el coche, o al pánico a que no sepan/puedan sumar puntos. También se trata de respetar la experiencia, que no es poco, pese a la tendencia papanatas a desconsiderarla por parte de milennials y demás pipiolos. En las carreras, como en la vida. Porque tan peligrosa es la bisoñez, como los ataques de Peterpanismo de algunos adultos ridículamente anclados en la adolescencia.

La decisión de Alonso de ir a correr las 500 Millas es algo que me entusiasma: por lo que de romántico tiene este reto. Y de arriesgado. Fernando no tiene nada que perder; pero la empresa no será fácil: habrá que acostumbrarse al óvalo, al coche –y que este “vaya bien”, aunque últimamente ya se ha ido doctorando en el manejo de pianos de cola–, clasificarse, entender el complejo mecanismo de esta carrera tan singular…

Su persecución del Grand Slam (Mónaco, Indy y Le Mans, como sólo encadenó antes Graham Hill) me parece digna de admiración. Cuestión de honor. Y de coraje, porque si no sale bien –que sería lo más probable, por la premura de la aventura– no faltará la crítica fácil, sustentada –por supuesto– sobre los fundamentos de los ignorantes.

Los borrachos del bar social más famoso de la red ya se preparan para su enésima ronda con la que embriagar aún más su gris, frustrada y mediocre sequedad cerebral. ¡Ánimo: son sólo 140 caracteres! Es la distancia que en algunos separa (o creen) su miserable vida de la notoriedad emanada del pico de un pajarito, cuya intensidad tiene la misma fuerza que su piar (que no trinar).

Y, mientras, Fernando divirtiéndose en Gasoline Alley. Y luego lo hará en La Sarthe. A falta de pan, o de títulos. Y bien hecho, qué coño. Que critiquen lo que quieran. Y, de paso, que la envidia les pudra.

Respeto absoluto ante un reto que pasará a la historia. Suerte.