Comparativas

- Juan Manuel García Rubio

Renault Mégane GT vs VW Golf GTI El dúo dinámico

El nuevo Renault Mégane GT se mide aquí con el mítico VW Golf GTI, algo que no lo puede hacer cualquiera, y lo hace con argumentos dinámicos muy interesantes y un precio casi imbatible. ¿Estará a la altura?

Desde que Volkswagen y el Golf inventaron la categoría GTI, este dúo siempre ha sido un referente a imitar. Y ahora más que nunca, si cabe. La versión “normal” de 220 caballos y cinco puertas del alemán tiene entre sus muchos adversarios al nuevo Renault Mégane GT, en este caso con cambio automático de doble embrague (EDC) también, para competir en las mejores condiciones. Es verdad que el Golf tiene otros modelos más cercanos, pero esta vez le ha tocado medirse contra el francés.

Sin llegar a la versión RS de la generación anterior, ya que de momento no existe para la actual gama, el motor de este GT es el más potente en nuestro mercado gracias a sus 205 caballos. Es decir, 15 caballos por debajo del motor del Golf GTI que, como escudo a tanto enemigo, además de mayor potencia y prestaciones, también esgrime un chasis y un esquema de suspensión trasera exquisitos. En este sentido, el modelo francés tampoco se queda atrás al estrenar un tren trasero direccional de brillante y deportiva respuesta que le caracteriza y le diferencia no solo con el Golf, sino también con el resto.

Ataque a la base

La única estrategia para atacar con efectividad al enemigo es ser como él o superarlo; al menos utilizar sus mismas armas.

El Mégane GT monta para ello un motor de inyección directa, turbocompresor e intercooler de 1,6 litros. Es cierto que pasa de los 200 caballos, pero solo 5 más de esa teórica barrera no son suficientes para alcanzar al motor de 2 litros sobrealimentado del Golf, en su caso con 220 caballos, que además supera ampliamente al francés en par máximo.

Eso son todo ventajas a la ahora de exigir “chicha”, de mover el coche con dinamismo y hacer lo que hay que hacer cuando de conducir deportivamente se trata.

Eso no quita, todo hay que decirlo, que el motor del GT sea muy capaz, pues te hace disfrutar mucho al volante de este Mégane. Sencillamente tiene empuje, aunque menos que el del Golf, y se basta y se sobra para convertir a esta versión un coche muy divertido, muy ágil en curva. Deportivo también, vamos.

El motor del Golf, por tanto, empuja más y desde un poco antes, aunque las dos mecánicas muestran enseguida que lo suyo es mover estos coches con prontitud nada más tocar el acelerador.

El Volkswagen es, en conjunto, un coche algo más pesado que el Renault, pero la mayor potencia y par lo compensa de sobra. Además, el cambio de doble embrague, el ya famoso DSG, es también más rápido, y eso que el EDC del francés, incluso con desarrollos más cortos, va también de maravilla.

En carretera, por dónde tienen que ir

Habida cuenta de que estos coches tienen un motor con un nivel de potencia que ya es para reventar radares o ir más rápido que la media, el segundo gran aspecto es el del comportamiento, de lo bien que van o pueden ir por el asfalto. Y el caso es que ambos tienen una gran precisión al marcar las curvas.

El Golf ha sido y es el gran maestro de siempre. Al principio de los tiempos, por la ligereza y la potencia. Después, porque ha mantenido un chasis de fábula e hizo lo que tenía que hacer. Por eso es el líder: acompaña la estructura con buenas bases, ofrece más que los demás y está a la vanguardia. Me refiero a la suspensión, fuera incluso de que ahora también se pueda actuar de forma directa sobre los amortiguadores y demás, como también pasa en el Renault.

La suspensión trasera independiente con esquema multibrazo se muestra exquisita en el germano, y eso que ejemplos como el de este Mégane, que utiliza una estructura semiindependiente por rueda tirada, adquieren un resultado óptimo también. En esta valoración tan positiva del compacto galo, sin duda, el eje trasero direccional 4Control tiene mucho que ver al dotarle de una agilidad y una progresividad de reacciones encomiable.

Eso sí, en los dos, los controles electrónicos actuales de estabilidad y tracción son los verdaderos protagonistas, aunque muchas veces no nos demos ni cuenta.

El alemán va muy anclado de atrás, lo que significa poder acometer las curvas más cerradas con un gran apoyo y una realización de la trayectoria con un límite muy alto antes de provocar un subviraje o incluso el sobreviraje. Desde luego, la confianza en conducción al límite en el Golf es de libro en un tracción delantera, casi aburrida a veces por esa exactitud, por ese buen hacer en todo momento. Claro que el diferencial delantero, las ruedas tan anchas y de perfil bajo, y unos amortiguadores “duritos” aportan mucho más que un granito de arena.

https://www.youtube.com/watch?v=k_kpFStXCyA

https://www.youtube.com/watch?v=EQly6FX69Gg

La originalidad en el diseño es característico en el Renault en un montón de detalles, como el cuadro.

Las clásicas esferas redondas son fáciles de consultar. Y como era de esperar, hay información de todo tipo. Muy completo.

Como ya comentábamos al principio, el Mégane se desenvuelve con mucha precisión igualmente. Muy divertido de conducir, en el francés te encuentras muy seguro porque entre otras cosas la estabilidad, el casi nulo balanceo y la también buena dirección acompañan a crear un clímax que permite sentirte muy a gusto en trazados revirados de montaña.

A esto suma unos buenos frenos y un peso algo menor, destacando su agilidad de reacciones igualmente para que, incluso ahuecando en pleno apoyo, la respuesta de descolocar el tren trasero sea previsible y hasta fácil de controlar, en caso de que se produzca, gracias a la efectividad del eje direccional posterior. Y es que su funcionamiento hace que las ruedas de atrás giren en sentido opuesto al de las delanteras hasta una velocidad de 60 km/h y, a partir de esta, lo hagan en la misma dirección con el objeto de mejorar la agilidad a baja velocidad y aumentar la estabilidad en curva cuando se rueda más deprisa; un buen compromiso, la verdad.

Por tanto, el Renault Mégane GT es, pese a disponer de una menor cilindrada y potencia, un más que digno rival para el VW Golf GTI, pues puede medirse con él hasta hacerte pensar que por casi 8.000 euros de diferencia a su favor puede merecer mucho la pena.

Óptica Mégane

Óptica Golf

Cambio doble embrague Renault

El algodón no engaña

Es precisamente esa diferencia de precio la que también decanta mucho la balanza a favor del Renault, aunque el Volkswagen siempre ha costado más que toda su competencia en general y no por ello ha dejado de ser el más deseado. Este es un ejemplo más. Mientras el Mégane vale 26.900 euros, el Golf se va a los 34.690.

A nadie deja indiferente el diseño de esta llanta de 17”.

17 pulgadas con neumático 225/40 que aportan un gran agarre.

Si bien el Renault resulta un producto muy atractivo por fuera, al que acompaña el diseño general, el de las llantas –de 17 pulgadas–, los detalles, los acabados, el equipamiento, etc., el Golf GTI siempre aporta un “algo más” que permite justificar no solo ese excelso dinamismo o una mayor potencia. En el coche alemán es casi indiscutible una calidad de materiales, por ejemplo, superior a la de todos sus competidores del mercado que, ya he dicho, son multitud y en muchas ocasiones, como la que nos ocupa, muy buenos igualmente.

Es verdad también que hay diferencias en el equipamiento, más extenso en origen en el caso del germano. Pero no sé muy bien si por esta parte se justifica el precio tan superior del Golf frente al del Mégane. Claro, que tampoco creo que en Volkswagen piensen en el modelo francés para fijar sus precios. De hecho, por esa diferencia prácticamente se podrían poner todos los extras al de Renault... aunque no por eso sería todo un Volkswagen Golf GTI.

Fichas: Renault Mégane GT - VW Golf GTI