Comparativas

- Rafa J. CID. Fotografía: Jorge BRICHETTE

Nissan GT-R vs BMW M4 GTS Emperadores del asfalto

Son dos de los coches más rápidos del planeta, garantes de sensaciones de competición. ¿Puede el BMW M4 más evolucionado con el GT-R, el matagigantes de Nissan?

En baloncesto es clave la altura de los jugadores, pero el mejor del mundo no suele ser el más alto. En los coches pasa algo parecido con la potencia: es imprescindible para la velocidad… pero el coche más potente del mercado no suele ser el más rápido cuando se acaba la línea recta.

BMW M4 GTS y Nissan GT-R no son los coches más potentes del mundo, pero sí son candidatos a ser nombrados como los coches más rápidos en circuito, en terreno revirado. Por ello, no es de extrañar que en los circuitos más imponentes en día de puertas abiertas, como Nürburgring y Spa, o en los españoles, Montmeló, Jarama… siempre haya GT-R rodando. Y desde hace pocos meses comienzan a verse los M4 GTS. De ellos solo se han fabricado 700, y en mi última visita a Nürburgring vi tres en la misma jornada.

Así que toma asiento y lee despacio, porque te dispones a conocer la personalidad de dos de los coches más apasionantes del mercado, a medio camino hacia los de competición, y también a saber cómo BMW y Nissan han logrado eso que anhelan tantos fabricantes.

Origen mundano

Si fuesen parlamentarios británicos, nuestros protagonistas, aunque parecen lores, estarían en realidad en la Cámara de los Comunes.

Y es que sus predecesores nacieron como berlinas destinadas a todo el mundo, no como deportivos puros. Fue hace varias décadas cuando las “aburridas” berlinas Nissan Skyline y BMW Serie 3 fueron llevadas al extremo para convertirse en Skyline GT-R y M3. Hasta tal punto, que fueron verdaderos iconos para mi generación, ganadores (sobre todo el BMW M3) de mil competiciones. La buena noticia es que sus herederos han ido todavía más allá en sus planteamientos, y por ello mandan tanto o más que los “lores” de Ferrari, Bugatti o Lamborghini.

En aquel origen encontramos explicación a su arquitectura: ambos modelos poseen chasis monocasco de 4 plazas, algo que llama la atención cuando tratamos con deportivos tan puros. En el caso del Nissan se mantienen intactas –se eliminan en la versión Track Pack–, a pesar de que ya no existe ningún GT-R que no sea GT-R, pues tras el Skyline su sucesor dejó de ser evolución de berlina alguna para nacer a partir de una hoja en blanco. En cambio, sí hay muchos Serie 4 que no son GTS. Por ello, choca menos que las dos plazas traseras sigan teniendo su hueco en el BMW, aunque hayan sido sustituidas por una jaula de seguridad.

Así que el GT-R de nueva generación, al contrario que el Skyline, ya es todo un “lord”. No lleva logos Nissan por ninguna parte, y sus diseñadores no se vieron obligados a crearlo partiendo de una berlina para el gran público. Así, han tenido más libertad de acción para crear un modelo de líneas muy agresivas y afiladas. No necesita más aditamentos para llamar la atención, y su estética –salvo por lo comentado sobre las plazas disponibles– se acerca a la de los superdeportivos puros, sin perder cierto ADN Skyline.

El M4, en cambio, sigue siendo la máxima expresión de un coche que podemos comprar en versión diésel para llevar a los nenes al cole. Por ello, es clave en su personalidad la cantidad de cambios estéticos que porta, la mayor parte de ellos prácticos y encaminados a mejorar el dinamismo: alerón trasero regulable, capó de fibra de carbono con toma de aire, defensa con labio regulable manualmente… frente a sus hermanos “mundanos”, el GTS destaca, y cómo.

Interiores diferentes

Al sentarnos al volante, nos encontramos con dos conceptos distintos.

El GT-R siempre ha querido ser el superdeportivo más asequible del mercado, y por ello sus versiones iniciales eran quizá demasiado espartanas. El actual no posee un interior a la altura de un Ferrari Italia –sí lo está su dinamismo–, pero ahora palpamos una calidad bastante destacable. Así, observamos materiales de importancia y buenos ajustes, los asientos sujetan a la perfección pero son bastante confortables, el volante ya tiene por fin regulación en profundidad… y lo que es más importante: sin perder un ápice de eficacia, la transmisión ya no da tirones ni suena como un engendro diabólico al aparcar e iniciar la marcha, momentos en los que en sus predecesores sonaba más que el motor. Pero te confieso que esos sonidos de fricción metálica, para apasionados, no eran ruido, sino anuncio de sensaciones fuertes, como le ocurría al Mitsubishi Lancer Evolution.

Mientras los diseñadores de Nissan han intentado maquillar el talante racing innato del GT-R, los de BMW han preferido hacer dos cosas con el del GTS: potenciarlo y, a la vez, enriquecerlo. Y creo que lo han conseguido. El caso es que, para enriquecerlo, han añadido piel vuelta en todo el salpicadero y el volante, superficies de fibra de carbono y se han mantenido todos los lujos, como radio, climatizador o hasta guiado por GPS. Y para potenciar el dinamismo se han eliminado aislantes, los paneles de las puertas son más simples (incluyen tiradores de tela) y, además de la jaula de seguridad trasera con extintor incluido, los asientos dejan de ser tales para convertirse en perfectos bacquets. Cuando arrancas –cosa que no pasa en el Nissan–, percibes menos insonorización, los ruidos llegan menos filtrados y, como en los coches de carreras, notas con nitidez el repiqueteo de la grava bajo la carrocería cuando pasas sobre ella. Así que el interior del GTS es más racing que el del GT-R, y también más lujoso.

 

En marcha

El pulso se dispara incluso antes de pisar sus aceleradores. Y cuando lo haces, la sensación no debe ser muy distinta a la que sienten las piedras lanzadas con catapulta. La diferencia fundamental es que tú tienes el control. Cuando la manada de caballos de ambos se desata, la cosa es muy seria. ¿Y cuál crees que es el más rápido?

A su favor, el GT-R tiene más potencia. Su motor 3.8 biturbo de 6 cilindros en V entrega 570 CV, muy superiores a los 500 del M4 GTS. Además, tiene más par gracias a su mayor cilindrada, y este llega antes: 637 Nm a 3.300 rpm. Y además posee uno de los mejores sistemas de tracción total del mercado, permanente, que nada tiene que ver con el de la mayoría de los que se comercializan.

Mientras, con 3 litros y 500 caballos generados por su 6 cilindros en línea sobrealimentado por dos turbos (Twin Scroll) y entregados al eje trasero (dotado de diferencial autoblocante mecánico gestionado electrónicamente), el M4 GTS alcanza su par máximo, 600 Nm, a 4.000 rpm. Potencia y par han subido mucho frente al motor del M4 “a secas” gracias al nuevo sistema de refrigeración del motor por inyección de una nube de agua.

Y tiene una baza importante: el peso. Mientras el GT-R pasa de los 1.800 kg, el GTS no llega a los 1.600. Esos casi 250 kilos de diferencia son clave… pero en la aceleración pura no son suficiente ventaja. A las curvas llegamos más deprisa con el

GT-R: 2,8 segundos por 3,8” de su rival en el paso de cero a cien. Eso sí, BMW logra unos consumos muy inferiores, casi un 30% por debajo. Una diferencia abismal.

En ambos casos encontramos cajas de cambio automáticas por doble embrague, de manera que cambias usando las levas, sin soltar las manos del volante.

Adentro

Desde el interior del Nissan GT-R podemos endurecer ligeramente la amortiguación, muy firme desde el primer punto, hacer más agresivos los diferenciales y observar, en la pantalla central, innumerables datos, como las fuerzas G, la capacidad de frenada, la posición de los dos embragues…

Mientras, en el M4 –también muy duro de pisada– la cosa es diferente: los reglajes son manuales. Para cualquier “civil” puede parecer engorroso que las cosas no se muevan con un botón… pero para los poseedores del BMW es una gozada sacar la caja de herramientas “GTS” del maletero y empezar a desenroscar tornillos para estirar el labio delantero, endurecer la amortiguación o cambiar el ángulo del alerón trasero. Así, para un circuito permanente la mejor opción es la más radical, y para un tramo de montaña vendrá bien un poco menos de agresividad.

Y lo cierto es que el paso por curva del M4 GTS es superior. Aquí se percibe cómo aquellos 250 kilos importan más, y sobre todo llama poderosamente la atención la capacidad del BMW de “meter el morro” en la trazada que le ordenas: si los reglajes del GT-R son increíblemente buenos, los de su rival lo son aún más. Ni siquiera su capacidad de acelerar mucho antes a la salida de las curvas gracias a la tracción total hace al Nissan más rápido en ellas.Eso sí, son tan parejas sus eficacias que esa afirmación hay que matizarla: el M4 GTS es más ágil en curva seca y con pilotos al volante. En mojado, o con conductores menos expertos, el Nissan es un arma mucho más fácil a la que sacar todo el partido, y no digamos ya sin los controles de estabilidad.

En el GT-R, aun 4x4, notas cómo empuja la trasera, tiene tal personalidad, y esta es bastante viva, sin llegar a ser nerviosa, cuando soltamos gas. En el caso del M4, gracias a sus distintos reglajes, esta puede ser más o menos nerviosa en deceleración, y es un reto permanente acelerando. Como puedes imaginarte, resulta mucho más retador alcanzar los límites en el coche alemán que en el japonés.

Vuelta a casa

Ambos coches pueden ser utilizados en el día a día, los nuevos deportivos no son tan rudos como antes. Con el BMW hay que tener mucho cuidado con sus defensas frente a los bordillos, y en los dos casos el confort es el mínimo para viajar: la amortiguación es dura incluso en los modos “blandos”, pero las cajas de cambio de doble embrague aportan suavidad, como la dirección o los pedales. Solo los frenos son algo firmes, como debe ser. Además, los controles electrónicos hacen que no dé miedo conducir el BMW M4 GTS; el Nissan GT-R es más fácil de controlar.

En definitiva, si quieres lo mejor de lo mejor para pilotar en circuitos, o en carreteras de montaña, estas son las dos mejores opciones, a las que habríamos de sumar los Porsche 911 GT2, GT3 y Cayman GT4. Creaciones como los Bugatti Veyron no les atrapan, y los Porsche 918 o LaFerrari son cinco veces más caros.

Fichas: Nissan GT-R - BMW M4 GTS