Comparativas

- Rafa J. CID. Fotografía: Jorge BRICHETTE

Mercedes-AMG C 63 vs Volvo S60 R Polestar El matón y el aprendiz

El departamento de Competición de Volvo ha convertido al S60 en un purasangre. Vamos a ver a cuanta distancia está la firma sueca del summum de la categoría, el Mercedes-AMG C 63.

El Mercedes-AMG C 63 es una de las berlinas más poderosas del mercado automovilístico junto con el BMW M3, y hay que irse a superdeportivos no derivados de berlinas para encontrar cosas superiores. Su historia es larga y fecunda, y podríamos decir que se adelantó a sus rivales con su predecesor directo, el Mercedes 190 E 2.3 16V con motor Cosworth de 185 CV del año 1983.

Mientras, en la familia Volvo, siempre preocupada por la seguridad, los modelos deportivos no han sido una prioridad. La casa sueca ha contado en su haber con atractivos coupés desde hace tiempo, pero la inyección de tacto deportivo que ha realizado Polestar con el S60 es algo nunca visto en la firma de Gotemburgo. “La nueva arquitectura de la amortiguación trasera ha quitado algo de capacidad al maletero –nos dice un responsable de Volvo–, no estamos acostumbrados a este tipo de concesiones”. Sirva este botón de muestra para lo que nos espera: el Volvo S60 Polestar ha nacido para contrarrestar las fuerzas de las siglas más deportivas del mercado, AMG o M, posee rasgos propios de coches de competición y podemos avanzar que es, probablemente, el Volvo más divertido jamás construido. Que es el más deportivo no tenemos ninguna duda.

Estética

Polestar está muy en la onda con AMG en lo que a estética se refiere: aunque ambos modelos cuentan con un sinfín de elementos propios que les diferencian del resto de sus hermanos de gama (parrilla, defensas, alerones traseros, llantas, etc.), el resultado final es muy moderado estéticamente, tanto que a ambos podríamos considerarlos lobos con piel de cordero.

En el interior, mientras el Volvo mantiene la filosofía de que la elegancia prevalezca sobre el aspecto racing, en Mercedes han encontrado en la fibra de carbono cuidadosamente trabajada la superficie perfecta para conjugar a la perfección esos dos términos, la elegancia y el talante deportivo. Así, al entrar en la cabina alemana, el interior es mucho más llamativo, también de una calidad por las nubes, y convence aún más gracias a la baja posición de conducción, el volante asimétrico o los excelentes asientos tipo bacquet.

Por dentro, los C AMG son refinados, llamativos y con una calidad por las nubes.

El interior del Volvo acusa el paso del tiempo. Es más sencillo en diseño y calidades.

El S60, además de muy discreto por dentro, cuenta con un asiento muy elevado, y el interior acusa el paso de los años, porque hoy en día las pantallas crecen y los relojes se hacen digitales, tendencia que aún no ha absorbido. Además, sus acabados no cuentan con el nivel de refinamiento de su rival, están en una categoría inferior, aun teniendo en cuenta que el diseño escandinavo busca líneas simples, nada recargadas.

Mecánicas

Motor 2.0 de 4 cilindros turbo para el Polestar, con 367 caballos.

Si en lo que a “pantallas” se refiere Mercedes está más “en la onda” que Volvo, a la hora de analizar los motores comprobamos que el fabricante sueco estira al máximo la otra tendencia de moda a la hora de escoger propulsores, denominada downsizing, y que en pocas palabras nos lleva a motores cada vez más pequeños en cilindrada y número de cilindros, para lo que se hace imprescindible el uso de la sobrealimentación con el objetivo de que no mengüen en rendimiento.

AMG recurre a un espectacular bloque V8 de 4 litros que entrega entre 476 y 510 CV. El 450 AMG, V6, eroga 367.

Así, AMG sigue recurriendo a gigantes V8 4.0 como el de su 63 AMG de 476 caballos (hasta 510 CV según versiones), además sobrealimentado por dos turbos. Aunque el verdadero rival natural del Polestar es la versión 450 AMG V6 de 367 CV, que sigue siendo más grande, pues Volvo opta por un 4 cilindros turbo bien exprimido, garante de semejantes 367 caballos, y que logra rebajar discretamente los consumos de ambos rivales.

La cuestión de la tracción

No podían ser más dispares nuestros contrincantes, pues Mercedes es una firma incondicional de la propulsión, mientras que Volvo prefiere la tracción delantera. Ambas han encontrado un punto intermedio que les une, y es la tracción total. Está ausente en el 63 AMG, un purasangre propulsado por sus ruedas traseras, pero la ha adoptado la versión 450 AMG.

Si en general en Mercedes añaden tracción total a regañadientes para lograr una mayor facilidad de conducción y un mejor agarre en superficies complicadas, en Volvo se hace imperativa, porque no hay coches capaces de entregar al suelo más de 300 CV solo utilizando las ruedas delanteras. Así que el Polestar tenía que ser 4x4 sí o sí.

La tracción trasera convirte a los AMG en potros por domar, llenos de sensaciones fuertes

Y encontramos otra diferencia en las zagas, pues Volvo opta por un autoblocante electrónico, al estilo de los XDS de Volkswagen, y que frena las ruedas que patinan coordinándose con los sensores del ABS y el control de tracción. En cambio, en Mercedes podemos montar autoblocantes mecánicos controlados electrónicamente, superiores a los simplemente electrónicos.

En marcha

La sorpresa del Volvo S60 Polestar es el excelente ajuste del chasis. Ambos ejes, sobre todo el trasero, han sido modificados, tanto que, como decíamos, el trasero ha necesitado robar espacio al maletero. Sus caídas son más agresivas, y la amortiguación Öhlins, nada menos que un 80% más firme. Además, es regulable, pero para ello debemos acudir al concesionario, donde si somos manitas podrán enseñarnos. Esto supone un engorro considerable… pero para los adictos a las curvas abre posibilidades muy interesantes.

En las curvas, la tracción total hace ir al coche sobre raíles, pero el citado ajuste de la amortiguación no solo lo hace muy eficaz, también muy comunicativo con el conductor, como jamás he palpado en un Volvo. El subviraje es mínimo, como nunca también en la marca, y la trasera apenas se insinúa en aceleración. En tal momento contamos con el citado autoblocante electrónico, que frena las ruedas que patinan selectivamente, con lo que mejora la eficacia, pero no aporta nervio. En cambio, en deceleración, sin llegar a ser nada nerviosa, sí se insinúa si la provocamos. Todo ello combinado con un confort suficiente, sin posibilidad de variarlo pulsando botón alguno.

Autoblocante mecánico, caja de doble embrague o  amortiguaciones variables no están todavía en el catálogo del Polestar

El Mercedes AMG es de otra pasta. Si a los ingenieros de Polestar les han encargado hacer un Volvo más eficaz y divertido –y lo han conseguido–, los de Mercedes llevan muchas décadas haciendo esto, y el nivel de exigencia es superior. Como en el caso del Polestar, también los AMG cambian la arquitectura de los trenes, diferentes a los del resto de la gama, y además los amortiguadores son de dureza variable. El botón Sport, que influye en ella, logra más diferencias frente a los modos normales en la respuesta del motor o la dirección que su rival sueco.

La respuesta del chasis es excelente, con menos subviraje todavía, aunque el trabajo de Polestar ha sido tan notable que verdaderamente las diferencias son de matiz; en general, el AMG es ligeramente más ágil y cómodo, y bastante más refinado.

Eso sí, la zaga del 63 AMG es otro mundo. Con mucha más potencia, y toda ella entregada al tren trasero, este se convierte en un reto continuo, y cada aceleración requiere estar pensando en él y cuidarlo como a una princesa, porque, cuando se va, es una fiera. El control de estabilidad Sport, que deja deslizar, pero solo hasta cierto límite, es una herramienta excepcional para disfrutar de él e ir tomándole la medida con seguridad. Es todo pasión y sensaciones.

En resumidas cuentas, el Polestar se conduce como un Golf GTI con una puesta a punto igual de buena, y el AMG, como un superdeportivo que hay que domar y que está en una liga superior. Aun así, para un tramo de rallye el Polestar puede ser más gratificante y casi igual de rápido, pero en un circuito no le ve el pelo a los AMG.

Como esbozaba, los AMG son fruto de muchos años de experiencia, con resultados superiores, pero el Polestar tiene una frescura de puesta a punto que le hace más comunicativo con el conductor, a cambio de ser discretamente menos refinado. Y si echamos la vista atrás y comprobamos que es un pionero en su casa, solo podemos felicitar a Volvo para que persevere en este camino.

Fichas: Mercedes AMG C 63 - Volvo R60 R Polestar