Comparativas

- Rafa J. CID. Fotografía: Jorge BRICHETTE

Ford Mustang GT 5.0 V8 • Ford Focus RS ¿Caballo salvaje o purasangre?

Hoy juntamos las dos formas en las que Ford desarrolla la deportividad: sus icónicos Focus RS y Mustang. ¿Cuál es más apasionante?

La tradición de deportivos en Ford es larga, y en la actualidad vive uno de sus momentos más exuberantes, en el que están representadas sus tres corrientes históricas bajo el paraguas de Ford Performance: los superdeportivos, los deportivos americanos y los deportivos europeos. 

El Ford GT, heredero de los GT40 que ganaron Le Mans, con sus 650 CV, es la cima de la primera corriente, la manera en la que Ford demuestra que sabe hacer Ferraris.

El Mustang tiene tacto deportivo de Gran Turismo y es más utilizable en el día a día

Pero hoy vamos a centrarnos en sus deportivos “mundanos”, que vemos por las calles y que, con un poco de suerte, podemos alcanzar. Y para ello nada mejor que enfrentar a sus dos mejores representantes, el Mustang, el pony car por excelencia, uno de los deportivos americanos más icónicos, y el Focus RS, heredero directo de la tradición europea de las competiciones de rallyes, de las que bebe directamente.

Restyling Mustang

Reacciones deportivas y tracción trasera marcan la personalidad del Mustang. | Jorge Brichette

Aunque su historia se remonta a más de medio siglo atrás (1964), el actual Mustang, la sexta generación, es el primero que se vende de manera oficial en nuestro país, y por ello comienzan a verse más que nunca. Y ahora, tras su llegada en 2015, ha sufrido su primer restyling. 

Y es en la estética, en la concepción misma, donde comienzan las grandes diferencias con el Focus RS. El Mustang es un espectáculo visual, un coche hecho desde una hoja en blanco para ser un deportivo. Y ya que las autopistas tienen seis carriles en EE.UU., no pasa nada por que sus medidas sean gigantes: 4,8 metros de longitud y un capó interminable marcan su personalidad. La parte negativa es que, así dotado, su peso ronda los 1.750 kilos. 

La nueva versión reestilizada se distingue por el frontal retocado, nuevas defensas y faros leds, que matizan discretamente la estética de su predecesor, junto con un nuevo capó opcional con las llamativas tomas de aire que ves en las fotos.

El RS es más radical y su comportamiento en las curvas es casi de coche de carreras. | Jorge Brichette

La imagen del Ford Focus es igual o quizá más espectacular, pero de otra forma. Este compacto se basa en los Focus “convencionales”, que han nacido como coches para mucha gente, para ir al trabajo, para el fin de semana, no para pilotar. Sobre esa base, a posteriori, los ingenieros le han inyectado, como veremos, toda la deportividad de la que son capaces. En términos de estética, esto se traduce en que el RS está más cerca del suelo que los demás Focus, sus defensas y parrilla frontal, específicas, tienen amplias tomas de aire y encontramos un alerón trasero bien prominente, del que su hermano y rival de hoy carece. Su peso, 1.600 kilos.

El interior del Mustang es resultado del diseño exterior, y por ello, a pesar de su generoso tamaño, las plazas traseras no son muy amplias. Eso sí, con 408 litros, el maletero es bien grande. Encontramos acabados de calidad, pero no Premium, y un diseño retro y llamativo que llama mucho la atención, resulta bien racing. La gente lo admira al verlo.

El Focus RS aporta sensaciones de competición: es mucho más ágil

Fruto del actual restyling, los relojes analógicos han sido cambiados por digitales, a imitación de los que luce desde su nacimiento el Ford GT. La postura de conducción es excelente, muy baja, y los asientos deportivos recogen bien el cuerpo.

En el Focus, la calidad de los acabados es similar, hasta diría que superior. Pero aún en mayor proporción de lo que ocurre con el diseño exterior, las líneas son mucho menos espectaculares, y todo parece más aburrido. Afortunadamente, los detalles RS logran que no nos creamos en un diésel, como los indicadores sobre el salpicadero (temperatura del motor, presión del turbo y presión de aceite), los relojes, el pedalier o los asientos deportivos. Estos son muy diferentes a los del Mustang: no recogen, sino mucho más, te abrazan como una novia… pero están situados en una posición mucho más elevada. Las plazas traseras son amplias, y el maletero ronda los 260 litros. 

En definitiva, la libertad creadora de los diseñadores del Mustang logra que con materiales similares el resultado sea mucho más vistoso, y la posición de conducción, superior.

Motores

El motor 5.0 V8 del Mustang es de esos ya escasos atmosféricos que enamora subir de vueltas para disfrutar sus 450 caballos. | Jorge Brichette

Bajo el largo capó del Mustang encontramos un generoso V8 de 5 litros, toda una tradición americana de grandes motores. Atmosférico, entrega 450 CV, y ha cambiado mucho frente a la versión 2015, pues no solo ha visto la potencia incrementada en 29 caballos, además ha subido ligeramente la cilindrada (de 4.951 a 5.038 cc) y ha reducido los consumos de manera importante, aunque estos siguen siendo mucho más altos que los del Focus RS, en torno a un 50% superiores. 

La unidad de pruebas monta la caja manual de 6 marchas con autoblocante trasero, lugar al que entrega toda la potencia, y en opción está disponible la nueva caja automática de 10 velocidades. Mientras, la amortiguación es independiente en ambos ejes. 

Exprimido: de 2,2 litros, la sobrealimentación permite extraer 350 CV. Es una bomba. | Jorge Brichette

En el Focus, el motor está en el polo opuesto. Se inspira en los que tradicionalmente se han utilizado en el Mundial de Rallyes, con sobrealimentación, 4 cilindros y cilindradas bajas, en este caso 2,2 litros. Entrega 350 CV, y lo hace a las cuatro ruedas de forma permanente, aunque contamos con el modo Drift, que permite enviarlo casi todo atrás para poder deslizar. 

En marcha

Al pisar el acelerador de nuestros protagonistas, el cuerpo recibe un tsunami de adrenalina. ¡Qué avance! En el caso del Mustang, los bajos son destacables, pero la chicha de verdad llega más allá de las 4.000 rpm, es a partir de este régimen cuando las cosas se hacen de película. Y es desde ahí hasta el corte de inyección donde hemos de llevar una y otra vez la aguja del cuentavueltas para sacarle todo el jugo, mientras el escape suena a motor gordo de verdad, y mucho más real, aunque no tan espectacular, que ahora los Audi o Mercedes.

Para ello accionamos una caja de recorridos cortos y tacto bastante firme, con relaciones de cambio más largas que las del Focus. Como en todo atmosférico, la precisión es total a la hora de recibir la respuesta del acelerador, tanto al pisarlo como al dejar de hacerlo.

Muy diferentes: el RS es un Focus vitaminado. Mientras, el Mustang ha nacido como deportivo desde su concepción. | Jorge Brichette

El motor del Focus es más explosivo. No podemos decir que el turbo entre con una patada, pero, tras una cortísima zona insulsa, al alcanzar el medio régimen –mucho antes que el Mustang– entrega un chorro de fuerza brutal que asombra, que es fácil mantener y que no hace tan imperioso el llegar siempre a la zona roja, aunque ahí sigue brillando hasta el corte. Parece más lleno de fuerza, y de hecho, si lo asociamos al inferior peso del RS y a su tracción total, resulta que sus aceleraciones son muy parejas a pesar de la diferencia en potencia, de nada menos que 100 CV. En la práctica, perecen bastante menos.

Su sonido es un espectáculo, algo diferente: no suena tan bronco, pero sus petardeos en deceleración nos vuelven a llevar a la competición más que al rugido de grandes motores. 

El motor V8 del Mustang es una maravilla de poder y sensaciones

En teoría, el turbo lag de los motores sobrealimentados hace que su respuesta sea inapreciablemente más lenta tras pisar el acelerador, pero este es pequeño y resulta verdaderamente difícil de percibir: pisar el pedal y salir disparado es todo uno en el Focus. Y, además, sus reacciones son más bruscas, más automáticas, y por ello hasta da impresión de lo contrario, de ser más inmediato que el Mustang, que para que sus usuarios no noten sacudidas en el cuerpo es algo más suave.

La caja de cambios también posee un destacable tacto duro, aunque los recorridos son más largos, y también ayuda a su brillante capacidad de aceleración que sus relaciones de cambio sean más cortas.

Adentro

Quizá la mayor diferencia entre estos Ford es cómo se comportan en las curvas. El Mustang entra en ellas con decisión, con tacto deportivo, aunque notamos su tamaño y su peso a la hora de negociarlas, y vamos detrás de un morro que divierte meter dentro. Su conducción se acerca a la de un Gran Turismo, con mucha comunicación del conductor con la carretera, pero con los suficientes filtros como para que la experiencia sea digerible, sin rudezas. El freno tiene mordiente, pero es equilibrado, como la dirección. En general, el tacto es muy deportivo, pero sin llegar a la radicalidad.

Tras dejar el vértice, llega un momento estelar en la conducción del Mustang. En ese punto, todos nuestros recursos cerebrales se van a la zaga, que debe entregar toda la potencia al suelo para que lleguemos a la recta, y al hacerlo pondrá a prueba nuestra habilidad como conductores. Con ayuda del autoblocante trasero, intentar domar la trasera es un reto maravilloso, y si nos aburrimos de la eficacia máxima podemos jugar y realizar derrapadas de escándalo de forma relativamente fácil. Es apasionante. 

El Mustang esconde sus logos Ford. El Focus RS los luce con orgullo. | Jorge Brichette

El Focus RS es harina de otro costal. La inspiración para su chasis no son los grandes ruteros, sino los coches de competición. Por eso, si la amortiguación del Mustang es tirando a dura, la del RS es una tabla. El freno es más duro y rápido, como la dirección, y si el morro tiene algo más de subviraje que otras fieras como el Seat León Cupra o el Honda Civic Type R, comparado con el pony car es mucho más inmediato y reactivo. Y en su acción, no deja que la carrocería balancee ni un poquito. 

En el vértice, la velocidad de paso resulta muy superior, y la diferencia de peso parece todavía mayor a su favor, cada acción del conductor recibe respuesta mucho antes y no parece haber inercias que se acumulen. Es, efectivamente, como un coche de carreras.

La tracción trasera impone ruedas más grandes detrás al Mustang...

...en cambio, al ser 4x4, las cuatro del RS son iguales.

Y cuando deshacemos los giros, su sistema de tracción total permite acelerar mucho antes que en el Mustang, con una facilidad mucho mayor de conducción y un avance absolutamente estratosférico, a otro nivel. Además, notamos cómo empuja también de atrás, pero sin ponernos en apuros.

En cambio, cuando queremos más diversión de drifter, no llegamos a las cotas del Mustang. Aun con el modo Drift, el morro conserva algo de tracción y subvira más al darle el zapatazo, de manera que es algo más complicado hacer largas derrapadas, aunque es perfectamente posible y ha sido un acierto completo poder jugar con la tracción total y casi anularla.

Vuelta a casa

Ambos modelos cuentan con botones Sport que matizan la respuesta de dirección y motor y la firmeza de la amortiguación. Al “bajar” a los modos suaves, el Mustang se convierte en un excelente rutero con el que podemos viajar sin problemas, con un confort suficiente. Su rugido mengua y se hace más suave, aunque en general la variación de la respuesta no es abismal. Y además los controles electrónicos permiten que la trasera deje de ser un problema a la hora de acelerar. Incluso en conducción deportiva, el control de estabilidad Sport permite un poco de juego sin que se desmanden las cosas, y resulta muy interesante para ir domándolo.

Con menos peso y menos caballos, el RS no envidia las prestaciones de su rival

El Focus, en cambio, aun con amortiguación variable y aun bajando su sonoridad, resulta duro para viajar, y su confort en el día a día es el mínimo indispensable. También tiene control de estabilidad en varios pasos, pero no es crítico, porque su trasera no intimida incluso con él desconectado.

Veredicto

En definitiva, como has visto, Mustang y Focus RS son dos deportivos apasionantes, pero cada uno tiene una filosofía propia. El RS pone en tus manos sensaciones de competición, una eficacia brillante, y su conexión con el asfalto es total. Todo ello a pesar de ser un deportivo derivado de un coche global. Por eso, para los amantes de la conducción pura, este es el vehículo a elegir. 

El Mustang propone una estética original, de deportivos que lo son desde la cuna, y un tacto de posibilidades dinámicas apasionantes –por motor apabullante o zaga por domar–, pero no llega a ser el cuchillo que es el RS. A cambio, es mucho mejor para viajar o el día a día, y aparcado delante de tu casa llamará mucho más la atención.

En cuanto a precios, el Focus RS es casi 8.000 euros más asequible, y eso que sus prestaciones no son tan diferentes a pesar de la diferencia de potencia. 

Fichas comparativas entre: Ford Mustang GT 5.0 V8 450cv - Ford Focus RS Option Pack 350CV