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- Julio Ascarza

Opel Insignia GSi Deportivo sin compromiso

Con una carrocería berlina o familiar, y motores de gasolina o diésel, el Opel Insignia GSi constituye una de las mejores alternativas para quienes buscan la funcionalidad de un vehículo amplio y bien equipado, con las cualidades dinámicas de un deportivo sin complejos.

Opel recupera las siglas “GSi” para un modelo capaz de proporcionar las sensaciones al volante de un verdadero deportivo que, a su vez, satisface las necesidades de espacio y funcionalidad del cliente de este tipo de automóvil.

Estará disponible como berlina de 5 puertas Grand Sport y familiar Sports Tourer. En ambos casos hay una serie de rasgos de diseño y elementos funcionales que les distinguen: las entradas frontales de aire tienen un marco cromado, un acabado también presente en las salidas de escape. Para la adecuada mejora aerodinámica, Opel ha añadido un spoiler en la parte superior del portón y un difusor en el paragolpes trasero.

Igualmente, en el interior hay una decoración y unos elementos específicos. Los asientos, desarrollados especialmente para el GSi, tienen apoyo lateral variable, calefacción, ventilación, masaje y reposacabezas integrados; estos asientos han obtenido la certificación de ergonomía AGR (asociación patrocinada por médicos y terapeutas para la prevención de problemas de espalda). Se puede escoger entre dos combinaciones de cuero para la tapicería, ambas rematadas con el emblema “GSi”. También distinguen a esta variante el volante de fondo plano, los pedales de aluminio y un revestimiento interior del techo de color negro.

Enorme capacidad

El Sports Tourer tiene la utilidad práctica propia de esta carrocería, con un maletero de 560 litros que se pueden ampliar hasta 1.665 si se abaten los respaldos, con divisiones 40/20/40. El portón se puede abrir desde fuera con un gesto del pie. Entre los dispositivos que mejoran la seguridad están los faros matriciales IntelliLux LED o la alerta de colisión frontal con frenada automática y detección de peatones.

Los dos motores tienen un bloque de 4 cilindros con 2 litros de cubicaje y están turboalimentados. El de gasolina genera 260 caballos (191 kW) de potencia y 400 Nm de par. El diésel, con doble turbo secuencial, llega hasta 210 CV (154 kW) y 480 Nm. Con la carrocería Sports Tourer, el GSi de gasolina acelera de 0 a 100 km/h en 7,5 segundos y alcanza 245 km/h; el Sports Tourer diésel, 7,9” y 231 km/h. La eficiencia de estos motores es visible en las prestaciones y también en el consumo. Por ejemplo, el Grand Sport con motor de gasolina tiene un consumo medio de 8,6 litros a los 100 km, y el Sports Tourer diésel, 7,3 l/100 km. Es decir, no existe el compromiso de elegir entre prestaciones o consumo. Además de por rendimiento de los motores, estos resultados son posibles por la eficiencia de la caja de cambios automática de 8 velocidades. El conductor puede tener el control de los cambios mediante las levas tras el volante. 

El GSi tiene de serie tracción total con un sistema de vectorización del par en el eje trasero, en el que dos embragues pueden variar el par de impulso de cada rueda independientemente. Al emplear la tracción para intervenir en la trayectoria, es posible, por ejemplo, reducir el subviraje al acelerar en curva.

También se ha mejorado la relación entre confort y estabilidad mediante el chasis FlexRide, que combina mecánica y electrónica. El punto de partida es una carrocería rebajada 10 milímetros con unos muelles más cortos. Las ruedas tienen llantas de 20 pulgadas y neumáticos Michelin Pilot Sport 4 S, que se distinguen por su alta adherencia. Los amortiguadores y la dirección tienen dureza variable controlada electrónicamente en fracciones de segundo. El conductor puede intervenir en la respuesta de estos sistemas al seleccionar los modos Standard, Tour y Sport. No solo varían la amortiguación y la dirección, también el tacto del acelerador y el régimen de cambio de marcha. Para el Insignia GSi se ha desarrollado el modo Competition, que se activa con una pulsación doble en el botón del ESP. Al hacerlo, el sistema desactiva el control de tracción y tolera una mayor guiñada para que el coche sea aún más ágil en un circuito.

Tests en Nürburgring

El spoiler en el portón y el difusor integrado en el paragolpes proporcionan la mejora aerodinámica adecuada a sus prestaciones. | Opel GmbH

Opel ha hecho los últimos ajustes del Insignia GSi tras unas exigentes y concienzudas pruebas en el Circuito de Nürburgring. Tras analizar los resultados finales, Volker Strycek, director de Modelos Deportivos y de Competición, ha reconocido que el nuevo Insignia GSi “es claramente más rápido en una vuelta al circuito que el Insignia OPC de la anterior generación, que era más potente”. Efectivamente, el anterior Insignia OPC tenía un motor V6 turbo de 325 CV, pero el nuevo GSi, además de la eficaz puesta a punto mecánica y electrónica de su chasis, tiene una ventaja de peso de 160 kg. Esta reducción no solo es determinante en términos de relación entre peso y potencia, también afecta positivamente a la dinámica del coche, debido a que se ha eliminado peso sobre el eje delantero y se ha rebajado el centro de gravedad. 

Por otra parte, aunque la potencia máxima del motor es menor, está disponible en un margen de revoluciones más amplio. Un sistema de tracción mejorado y los nuevos neumáticos hacen posible que el nuevo Insignia sea más rápido en circuito, más seguro en carretera y más placentero de conducir en toda circunstancia.

Herencia racing

Opel tiene modelos de competición desde 1903 y las versiones deportivas en sus gamas son algo consustancial a la marca: ya en 1967 lanzó la versión Rallye LS del Opel Kadett. Desde 1984, estas versiones deportivas se distinguieron por el acrónimo de Grand Sport Injection: GSi. Ese año, con el lanzamiento de la sexta generación del Kadett, Opel reemplazó al anterior GTE por el nuevo GSi, con un motor de 1,8 litros y
115 caballos. También cambió de denominación el coupé Manta, cuya versión GT/E de 2 litros y 110 CV pasó a ser GSi. En 1986 llegó el Kadett GSi con el motor 2.0 de 129 caballos, cuyo rendimiento era muy superior al de los modelos de la competencia.

Después de haber trabajado con el especialista británico Cosworth para las versiones de competición Ascona 400 y Manta 400, Opel le encargó un diseño de culata de 16 válvulas para el motor del Kadett GSi. El resultado fue el GSi 16V de 1988, cuya potencia llegaba a 156 CV sin catalizador. En una época en la que los motores multiválvula fallaban en elasticidad, el del Kadett GSi 16V demostró cómo combinar potencia máxima alta con buena respuesta a cualquier régimen. Esas cualidades las heredó, en 1994, la versión GSi de la primera generación del Astra.

El primer Corsa tuvo su versión GSi en 1988, con un motor de 1,6 litros y 100 CV y una imagen deportiva que sería la referencia para modelos de la competencia y para futuras generaciones de esta variante. También lo fue su planteamiento: ofrecer prestaciones y temperamento sin llegar a extremos que pudieran mermar su funcionalidad como coche de diario o su fiabilidad, uno de los principales valores de este modelo en cualquier versión.

En sucesivas generaciones del Corsa se mantuvieron estos atributos, al tiempo que se realzaban sus cualidades dinámicas con motores más potentes y chasis más eficaces. La seguridad también era prioritaria: el control de estabilidad ESP estuvo disponible para el GSi en la cuarta generación del Corsa. Fue el último GSi de Opel... hasta ahora.