Comparativas

- Rafa J. CID. Fotografía: Jorge BRICHETTE

Lexus LC 500 • Audi RS 5 Dos maneras de hacer coupés

Con potencias similares y carrocerías tipo coupé, hoy enfrentamos a dos enemigos muy diferentes entre sí. ¿Cuál es más apasionante?

El ilustre apellido RS de Audi se enfrenta a un recién llegado de la otra punta del mundo: el Lexus LC 500. Un duelo que comienza con similitudes en potencia –450 CV para el alemán, 477 para su rival japonés–, con carrocerías tipo coupé de similar tamaño (4,7 metros) y con la intención de conjugar deportividad y calidad de marcha. Pero, como vamos a ver, los caminos que han seguido ambos son muy, muy diferentes. Vamos a ver cuál es más interesante.

Estética imponente

Prácticamente, nunca hago hincapié en la valoración estética de los coches que probamos, porque en ese sentido el juez máximo eres tú: el que más te guste es el más atractivo. Así de simple. Sin embargo, en esta ocasión he de romper una lanza por el LC 500. Mientras el Audi sigue su tradicional línea de diseño, conservador y sereno, el Lexus juega fuerte y muestra unas líneas tremendamente atrevidas que hacen girar las cabezas a su paso; parece un prototipo puesto en las carreteras. Lo hace además desde todos los ángulos, con una parrilla frontal agresiva, unas caderas que juegan a salir de la carrocería y una trasera ancha, baja y, como el resto, a base de líneas barrocas. Nos recuerda al Lexus LFA de medio millón de euros –y se fabrica en la misma factoría, Motomachi–, es puro espectáculo. Y solamente lo veremos armado con su V8 o en versión 300h.

Mientras, para destacar entre sus hermanos diésel, el Audi RS 5 adopta interesantes cambios estéticos con los que marca su personalidad sin llamar demasiado la atención, como la parrilla frontal, los retrovisores en negro, las defensas, la trasera con difusor de aire o el discreto alerón posterior en fibra de carbono.

El RS 5 es clásico en sus líneas y más eficaz sobre el terreno

Accedemos al interior del Lexus tirando de brillantes manetas enrasadas en las puertas que solamente aparecen al abrir el coche. Y dentro encontramos un ambiente de lujo espectacular, de nuevo con un diseño atrevido y diferente a lo que nos tienen acostumbrados los modelos alemanes, de acabados brillantes y piezas montadas a mano. Sin embargo, en este lujo asiático –nunca mejor dicho– encontramos algunos puntos mejorables, como el panel de control multimedia, que manejamos como si nuestro dedo fuese el ratón de un PC, y al que hay que cogerle el truco, o la amplia zona frente al copiloto, a base de plásticos que no encajan en el sobresaliente general. 

El interior del Audi es menos original, la calidad de los remates es pareja, pero el atrevimiento en los detalles deportivos hace que gane en aspecto racing: volante asimétrico en piel vuelta, costuras en rojo y, sobre todo, fibra de carbono por todas partes hacen que nos sintamos en un deportivo de verdad. 

Motores opuestos

El motor que conocimos en el Lexus RC F –y que monta el Toyota Hilux de Raids de Nani Roma– pasa intacto al LC 500: todo un V8 atmosférico de 5 litros de cilindrada que entrega 477 CV a 7.100 rpm, asociado a una caja de cambios Aisin de convertidor de par y 10 marchas que entrega la fuerza al eje trasero. Mientras, Audi, con mucha menos cilindrada, 3 litros, la multiplica con la sobrealimentación para alcanzar los 450 caballos, que se dirigen a las cuatro ruedas de forma permanente. La caja, también automática de convertidor de par y con “tan solo” 8 marchas. 

Ambos emplean amortiguación de doble triángulo en cada eje, superior sobre el papel a los ejes McPherson, y el RS 5 la evoluciona bastante frente a sus hermanos de gama. 

Y no podemos dejar de  mencionar el gran punto flaco del Lexus LC: el peso. Con 2 toneladas casi justas, arroja en la báscula cerca de 300 kilos más que su rival. 

En marcha

Como suele ocurrir en modelos con tanta cuadra bajo el capó, no hace falta llegar a las curvas para sentirte vivo y lleno de adrenalina: ambos salen disparados hacia el frente como catapultados, ofrecen una sensación gloriosa nada más pisar a fondo el acelerador. El Audi, con más intensidad: la tracción a las cuatro ruedas se une con un par elevadísimo a muy bajas vueltas –600 Nm a 1.900, por 540 a 4.800 de su rival– y hace que el avance sea superior en los primeros metros. Además, los dos rugen, poderosos, y el Lexus cambia de tono bruscamente al acercarse a la zona roja. Me costaría decir qué sinfonía es más apabullante; probablemente este último, ¡son un espectáculo! Aunque el par es coto del Audi, sentir cómo la aguja escala el cuentavueltas del LC es pura gloria y en conducción deportiva, lejos de resultar un problema, es una maravillosa virtud: donde el motor del RS 5 empieza a acabarse, es donde comienza el del LC. Te lleva al cielo.

Da gusto encontrar diseños tan atrevidos como el del LC, pero muchos preferirán la elegancia clásica del RS 5, no exenta de temperamento. | Jorge Brichette

Al llegar a las curvas, ambos cuentan con una insonorización tan cuidada que parece que las alcanzas a menor velocidad de la real, y en general hemos de tener cuidado con esto, sobre todo en el Lexus. Este aisla aún más que su rival del entorno, a lo que colabora una dirección poco comunicativa. En la frenada, es el Audi el que se detiene en menos metros gracias a su ligereza y un equipo de frenos más potente. Toca girar.

En las curvas

Hemos de decir que, durante la semana de pruebas que disfrutamos de ambos modelos, todos los días se cayó el cielo, y al agua abundante hubo de sumarse un buen puñado de sal en las carreteras de montaña en previsión de nieve. Así que, como te puedes imaginar, el Audi estuvo a sus anchas, no habría podido tener mejor suerte. Así que intentaremos contarte las cosas teniendo en cuenta estas circunstancias. 

Ninguno de nuestros invitados de hoy entra en los giros con la precisión de los mejores rivales, como los Porsche 911 o BMW M4. Tras ellos, es el Audi el que se aprecia más ágil, y su subviraje es inferior al de su competidor japonés. Ambos lucen amortiguaciones bien firmes, de tacto deportivo, pero sin llegar a durezas extremas. 

El RS 5 es más eficaz, mucho más fácil de pilotar, y a cambio pierde radicalidad. | Jorge Brichette

Y como era de esperar, es a la hora de acelerar de nuevo cuando se palpan mayores diferencias. El Audi, con su tracción total Quattro, permite acelerar muy, muy pronto, y con una decisión total. También por el motor, que tiene fuerza en todo momento, aunque no se estire tanto como el de su rival. Al volante de la unidad de pruebas, con el autoblocante trasero, la zaga marca su personalidad, pero jamás pone en apuros al conductor y nunca llega a deslizar, solo a insinuarse, de manera que te sabes cerca de los límites del agarre sin tensión: al Audi le buscas los límites sin miedo y pronto te olvidas del coche para pensar en cómo pasar aún más deprisa el siguiente giro.

La conducción del Lexus es más apasionante cuando apagamos los controles electrónicos y llevamos la aguja al corte. | Jorge Brichette

Con el Lexus hay que tener más tacto. Al principio cuesta encontrarle los límites, primero por ese aislamiento general del asfalto, y segundo porque los ingenieros han hecho un buen trabajo y la zaga tarda en perder agarre, no es tan nerviosa como la del citado BMW M4, por ejemplo. 

Y una vez le tomamos la medida, su conducción es realmente apasionante, podemos jugar con la trasera a placer y realizar buenas derrapadas, algo imposible con su rival. En este sentido, es interesante irse a la versión Sport+, pues añade autoblocante y eje trasero direccional, elementos que por unos
10.000 euros añaden bastante picante a la conducción. Y no podemos olvidar el comportamiento del motor, que curva tras curva llevamos bien arriba, lo que supone un buen chute de adrenalina. 

El Lexus es incomparable estéticamente, y más apasionado en las curvas

En cuanto a consumos, el Lexus es hasta un 30% más “gastón”, y si bien las cajas de cambio son realmente rápidas y al comenzar a utilizarlas dudas si son o no de convertidor de par, lo cierto es que son las de doble embrague las que siguen aportando no solo más velocidad en los cambios, también mayores sensaciones deportivas.

Como buen tracción trasera, el Lexus monta ruedas mayores detrás.

Al ser 4x4, el RS 5 monta cuatro cubiertas iguales.

Al bajarnos de los coches tenemos la sensación de que el Audi es más ágil, mucho más fácil de conducir, más directo y menos exigente con el conductor. Mientras, el Lexus está un pequeño paso por detrás en dinamismo, pero cuando llegas a tu carretera conocida, y en seco, resulta que multiplica su diversión gracias a las travesuras que puedes hacer con el eje trasero, que además, cuando es direccional, resulta muy interesante.

De vuelta a casa

Descendemos desde los modos deportivos a los confortables, los dos coches pueden hacerlo, y en ambos casos la amortiguación reduce su firmeza. Los dos dejan de rugir, parece que nunca han roto un plato, los convertidores de par son ahora mejores que cualquier doble embrague, sobre todo a baja velocidad, y a sus mandos se disfruta de largos viajes en carretera, particularmente en el Lexus, con mejores insonorización y confort. Y hemos de añadir que el Audi está mejor dotado de sistemas de entretenimiento y conectividad.

El RS 5 tiene más maletero y espacio interior, beneficios de no arriesgar con el diseño. | Jorge Brichette

En definitiva, ambos modelos apuestan por un compromiso excelente entre deportividad y confort, podemos definirlos como GT polivalentes, capaces de apasionar en un tramo y después llevarte a casa entre algodones. Y me es difícil destacar a uno u otro, porque el Lexus posee la emoción de la propulsión y un motor mucho más apasionante, pero el Audi cuenta con un ajuste de la amortiguación que le hace más ágil. 

Este empate se deshace al comprobar sus precios: el modelo alemán es 40.000 euros más asequible, una diferencia demasiado grande que solo se difumina en parte porque, como comenzamos estas líneas, el Lexus es un coupé más exclusivo. 

Fichas comparativas entre:  Lexus LC 500 - Audi A5 Coupé RS 5