Comparativas

- Juan Manuel GARCÍA RUBIO. Fotografía: Jorge BRICHETTE

BMW M5 • Mercedes-AMG E 63 S 4Matic Estate Poder alemán

El BMW M5 y el Mercedes E 63 S AMG son dos deportivos de armas tomar. El primero, con 600 CV y tracción total, y el segundo, con 12 caballos más y también con cuatro ruedas motrices, aunque en este caso con carrocería familiar. Tanto uno como otro hacen fácil lo difícil, correr, llevarte al cine o al trabajo, enamorarte… pero siempre en gran formato.

Parece inevitable que dos coches como estos se vean las caras aquí. Nunca ha sido fácil fabricar un buen deportivo o un superdeportivo, y menos hacerlo en vehículos de este formato, que lo mismo sirven para llevar a cuatro personas que para meterse en un circuito y marcarse unos tiempos de récord. Tengan o no portón trasero, como pasa en ambos casos.

Entre el extremo de la propulsión trasera sin controles y la tracción total con asistencia electrónica hay un mundo en el M5. | Jorge Brichette

Así son precisamente estos dos coches, familiares por un lado, mucho más todavía el AMG, que se atreve con todas las carrocerías del Clase E y en este caso hemos elegido el Estate, o ranchera, y por otro lado deportivos tan buenos y rápidos o más que muchos otros coches de solo 2 puertas y carrocería coupé. Si comparásemos prestaciones con deportivos de 2 puertas, veríamos que las de estos son superiores muchas veces.

El Mercedes es un familiar con mucha garra, potente y deportivo si se quiere, pero también un coche para todos los días. | Jorge Brichette

BMW ha llevado al M5 a su máxima expresión, al menos de momento en esta generación, no solo con esos 600 caballos de potencia máxima, también con un par de 750 Nm y, sobre todo, una especialización singular con la tracción integral. Mercedes, con este E 63 S AMG, por su parte, mantiene otro mito de 612 CV, con 100 Nm más de par máximo que su rival y que conserva una dualidad extraordinaria entre el coche del día a día o el de un vehículo capaz de emular a su contrincante donde y cuando quieras o a coches como los mismísimos Porsche. Y aun así, no solo hay una significativa diferencia de precios entre ambos coches, la hay también en el concepto más racing, siendo el de BMW el que mayor sentido da a esta expresión.

Manos a la obra

Manos es precisamente lo que estos coches reclaman de nosotros cuando de administrar deportivamente su potencial se trata. No hay tregua si lo que quieres es llevarlos al máximo. Ten en cuenta que rondan los 2.000 kilos: el BMW ligeramente por debajo, y el Mercedes ligeramente por arriba. Eso son inercias sí o sí, que se controlan muy bien con suspensiones supereficaces, ruedas y frenos gordos, direcciones muy precisas y chasis fabulosos capaces de hacernos olvidar esa masa en movimiento, pero que están ahí y conviene al menos no olvidarlo por completo, no dejarnos seducir por el impresionante potencial y tirón de estas mecánicas.

No es fácil hacer coches de corte familiar con tan alto grado de potencia y prestaciones, pero tanto BMW como Mercedes lo bordan con estos

Huelga decir que tanto el M5 como el E 63 S AMG están equipados hasta los dientes, con todo lo que te imaginas, o casi, y algo más especialmente destinado a un uso deportivo, como son la gestión de la tracción total y los diversos diferenciales, que son capaces en ambos casos de gestionar la fuerza de cada rueda independientemente, para que no haya pérdidas de tracción ni tampoco feos en aceleraciones fuertes en curva. Son sensacionales, te lo aseguro.

El M5 es en esta generación un tracción total, ya lo sabes porque lo hemos repetido hasta la saciedad. Quizá los más puristas renieguen, pero con esas medidas, potencia, peso y prestaciones, no está de más. De todas formas, si lo que te gusta es el riesgo, puedes dejarlo en tracción trasera –así todo el mundo contento, supongo que también los más puristas–. Es un coche para disfrutar conduciendo al límite y gratamente satisfactorio. Su comodidad general en manejo normal no te puede llevar a engaños, porque BMW sigue trasladando todo su ADN M, o un gran porcentaje, a este M5, capaz de dejarte pegado al asiento en aceleración fuerte y lograr varias G de fuerza en algunas curvas. 

No se queda atrás esta versión del Clase E, todo un lobo con piel de cordero. Esos 612 caballos salen de un motor especialmente vigoroso también, capaz igualmente de rugir y de comprimirte el cerebro en la parte de atrás del cráneo de forma vertiginosa. Y, sin embargo, al límite, y mira que es rápido y potente, es un poco menos racing que el M5, aunque la línea sea tan delgada como un cabello humano. Pero ahí está, se percibe, se nota y hasta se impone en situaciones extremas. No sé si esa circunstancia es de hecho más fuerte o no que la diferencia del desembolso económico entre estos dos coches.

En tracción total o propulsión

Mercedes se atreve con todas las carrocerías del E para hacerlas AMG; BMW en el M5 solo lo hace en la única carrocería disponible. | Jorge Brichette

Si el M5 lo llevas solo en propulsión, y para eso ya sabes que solo hay que tirar de botones, requiere manos expertas y un cerebro con la máxima dosis de adrenalina. Las reacciones son más bruscas y entonces puedes llegar a saber lo que un M puede hacer con 600 caballos y hasta dónde eres capaz de llegar tú. Puedes hacer derrapar el eje trasero hasta ponerte del revés, o aprovechar ese movimiento posterior para encarar las curvas realizando deslizamientos sin fin si eres muy bueno. Es mucho más rápido y violento en esto que el E AMG, que también sabe dejarte hacer estas virguerías, pero no llega al sonido, empujón en el eje trasero y acción general de su contrincante. No es recomendable si no se cumplen varias circunstancias a mi juicio. Una, que el entorno sea favorable al 100%, es decir, un circuito. Aun así, debes no solo estar preparado, sino muy preparado, por ejemplo si eres un piloto, y mejor si a esa aptitud le añades otro adjetivo, “buen” piloto, para enfrentarte al M5 y también al AMG, pero sobre todo al primero. No son juguetes.

Espectacular el V8 de BMW con dos turbos que llega hasta los 600 caballos. Empuje de avión y 750 Nm de par máximo. | Jorge Brichette

Derrapar solo con el eje trasero implica una riada de par, saber hacer contravolante de lo lindo, dosificar el gas y sincronizar ambos actos si no quieres acabar en la cuneta o ver de frente lo que antes solo veías por el retrovisor. En el M5 es, como te digo, todavía más fácil, más rápido, más brusco y más deportivo todo esto. Y el AMG es un poco menos bravo, muy poco, y no porque en este caso estemos tratando con la versión Estate, que nada tiene que ver, ya que suspensiones y pesos son similares a los del E 63 S AMG berlina de tres volúmenes. Solo varía por tanto la estética y el maletero. Tanto es así que solo cede 1 décima de segundo en la aceleración frente al M5 por ser la carrocería ranchera, que se iguala si el AMG fuera la carrocería tricuerpo.

Aunque Mercedes en este E 63 S plantea más potencia, 612 CV, y más par, 850 Nm, lo hace con menos cilindrada, 4 litros. | Jorge Brichette

Es verdad que en cada coche hay una especialización máxima para los modos de conducción. Mientras el M5 te permite elegir la respuesta del motor en tres programas, la caja de cambios de convertidor de par de tres maneras, la dirección en cuatro, la suspensión en tres y la tracción en otras tres, la ayuda a la conducción viene a complicar el asunto con el DSC conectado o no. Todo ello siempre de forma individual, porque, como en el Mercedes AMG, aunque no llegue a tal grado, te llevaría varios cientos de kilómetros, y quizá algunos juegos de neumáticos, por no decir bastantes depósitos de combustible, saber cómo se comporta en cada caso. Es fácil ver la diferencia entre conducir con la tracción total y todos los controles activados en el M5 y todo lo contrario, lo máximo desactivado y solo tracción trasera. Entre ambos modos hay una diferencia abismal de comportamiento del coche, pero entremedias caben muchos grises. En el Mercedes pasa algo parecido, y aunque por ejemplo el cambio tenga una velocidad más y permita unos desarrollos finales casi infinitos con un mecanismo de doble embrague, más par y caballos, no llega a ser lo mismo.

Prima lo deportivo

En conclusión, el precio es decisivo, no cabe duda. Otra cosa es que para los potenciales clientes de estos coches esa diferencia de coste no sea tan radical. Sí es importante el tipo de carrocería en este caso, aunque ya hemos dicho que el Mercedes tiene disponible la misma versión en tres volúmenes, lo que le igualaría con el M5.

La principal diferencia es que el M5, aun con 12 caballos menos, tiene un grado de deportividad mayor, y mira que los 612 CV de este E 63 S AMG son la caña. 

Fichas comparativas entre: BMW Serie 5 M5 - Mercedes-AMG E 63 S 4Matic Estate