Al volante

- Juan Manuel GARCÍA RUBIO. Fotografía: Jorge BRICHETTE

Audi TT RS 2.5 TFSI quattro S tronic: un señor atleta

La segunda generación del Audi TT RS, la versión más potente de este modelo, gana 60 caballos para ofrecer a su comprador nada menos que 400 tanto en la variante Coupé como Roadster. El par aumenta hasta los 480 Nm, y solo utiliza 3,7” para pasar de 0 a 100 km/h. Magistral.

Otra vez nos hemos enfrentado a las siglas “RS” de Audi. Esta vez sobre lo que ya es un icono entre los deportivos, el TT. La segunda generación del TT RS es especialmente potente con esos 400 caballos, que se dicen pronto, y los 480 Nm de par máximo, que también son la caña. No en vano, en Audi están orgullosos de este motor de 5 cilindros que tanta historia conlleva.

A eso hay que sumar la tradicional tracción quattro, o total, el cambio automático S tronic de 7 relaciones, las ruedas de 19” de serie (20 en opción), los frenos carbocerámicos también opcionales para el eje delantero o un sonido de escape cautivador, pero no molesto, a golpe de botón. Y entre sus interesantes atributos, las luces traseras Matrix OLED, mejores en todos los sentidos que los leds “convencionales”. Aparte, claro, de un equipamiento completo no, lo siguiente.

 

Una excelente máquina

No hay duda de que el TT RS se ha renovado para mejorar “muy mucho”, como suele decirse ahora. El motor de 2,5 litros de inyección mixta directa/indirecta de aluminio pesa menos porque ha sido aligerado más de 25 kilos. Sus mejoras internas en todas las áreas han dado como resultado un aumento de 60 caballos frente al motor anterior sin variar ni el número de cilindros ni la cilindrada (2.480 cc). Como cabía esperar, el par también ha aumentado hasta situarse en unos envidiables 480 Nm. La respuesta al acelerador es por tanto contundente.

Lo cierto es que la combinación de esos dos datos ofrece un funcionamiento óptimo en todos los sentidos. Los 400 CV se obtienen a un régimen de 5.850 rpm, aunque aguantan estoicos hasta las 7.000, mientras que el par ya está disponible desde 1.700 vueltas, y mantenido hasta las 5.850. Eso significa tener una fuerza bajo el acelerador, y por tanto una capacidad de tirón y empuje, absolutamente magistral prácticamente desde que el coche empieza a recorrer los primeros metros. Audi incluso hace alusión al funcionamiento perfecto de este motor por el orden de encendido, 1-2-4-5-3, “que alterna entre los cilindros adyacentes y los opuestos para lograr un funcionamiento y un sonido muy característicos”.

Es verdad que alcanzado ese régimen el propulsor es muy lineal en su entrega de potencia, pero no es menos cierto que, como está disponible una cantidad tal y tan excelente desde pocas revoluciones y hasta un régimen alto en el cuentavueltas, la sensación de poderío es auténticamente satisfactoria. De la misma forma, es un coche que se conduce con facilidad, sin tirones, y con el que se mantiene una estrecha relación entre hombre y máquina. El cambio S tronic de 7 velocidades y la posibilidad de actuar sobre los tradicionales parámetros de suspensión, respuesta de cambio y acelerador, etc., con el Audi drive select logran, como siempre en los Audi más deportivos, un tacto racing especialmente bueno.

El TT RS permite que esos 400 caballos parezcan una cuadriga perfectamente alineada y domesticada a merced de lo que el conductor quiera hacer con ellos. La dirección progresiva específica del RS, los frenos carbocerámicos que hemos probado, la supereficacia de la tracción total y el no menos excelente cambio automático de doble embrague pintan un panorama para devorar kilómetros en autopista o descargar adrenalina en la carretera escogida por el conductor.

Las prestaciones oficiales también hablan por sí solas y, como siempre, hay que verlas y “escucharlas”. La velocidad máxima de 250 km/h puede elevarse a golpe de talón hasta los 280, algo ya también tradicional en la marca en ciertos modelos. El 0 a 100 km/h del Coupé se cifra en unos también magistrales 3,7 segundos, y 3,9” en el Roadster, ya que este último pesa en conjunto unos 100 kilos más debido a los consabidos refuerzos de esta carrocería con capota de lona. El sonido deportivo, a elegir mediante toque de botón, adereza el panorama perfecto.

Lo que tiene y lo que no podía faltar

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Además de un interior con más énfasis en los detalles más racing, el TT RS muestra como novedad los grupos ópticos traseros con tecnología Matrix OLED (diodo emisor de luz orgánica), “por primera vez en un modelo de producción en serie de Audi”, como opción. Son superiores en calidad lumínica a los leds –de serie en el TT RS tanto delante como detrás–, pues no producen sombras ni necesitan de ningún reflector y emiten una luz “extremadamente precisa y homogénea”.

Y si los frenos carbocerámicos del eje delantero se dejan en opción, en este capítulo también entran elementos como la suspensión deportiva RS Plus, que incluye Audi magnetic ride.

Por fuera, el TT RS mantiene características propias como un paragolpes delantero específico y con unas entradas de aire al motor más grandes, las dos salidas ovaladas de los escapes o el alerón trasero fijo –retráctil en opción–, entre otras muchas cosas. Al sentarte puedes ver elementos tomados del R8, y lo más significativo es el volante con el botón rojo de encendido y apagado incorporado, o lo que es lo mismo, los llamados mandos satélite, que incluyen tanto esta función como el manejo del Audi drive select. A todo eso hay que sumar sistemas conocidos como el Audi virtual cockpit, el MMI Navigation Plus y muchas cosas más.

Los precios del TT RS empiezan en los 79.900 euros del Coupé y los 82.900 del Roadster. Si nos fijamos en su competencia más directa, un Porsche 718 Cayman S con el cambio automático PDK cuesta 75.200 euros y tiene 349 caballos y tracción trasera (el 718 Boxster, 77.336), mientras que un Nissan 370Z Nismo alcanza un precio de 44.900 euros, siendo el más competitivo de todos, aunque tampoco cuenta con tracción total ni se asoma a la potencia del TT RS por sus 344 CV.

Ficha: Audi TT RS 2.5 TFSI quattro S tronic