Pruebas

- Juan Manuel GARCÍA RUBIO. Fotografía: Jorge BRICHETTE

Audi R8 Spyder: un regalo para los sentidos

Del R8 Spyder, Audi solo comercializa una versión, la de motor V10 “pequeño”. Eso son 540 caballos y 540 Nm de par. La eficacia de chasis, propulsor, suspensiones, tracción, cambio y ruedas supone la combinación perfecta para uno de los descapotables más bonitos y que mejor van del mercado de los superdeportivos.

De casta le viene al galgo, sin duda. Lo digo porque el R8 Spyder es un compendio de aciertos que te hace no solo desear más el coche a cada kilómetro recorrido, es que casi lloras cuando tienes que entregarlo como cuando a un niño pequeño le quitas su juguete preferido. La experiencia del anterior R8, que iba de cine, y la de la marca, claro está, marcan la trayectoria de este, como no podía ser otra manera.

El R8 Spyder solo se comercializa con el motor “pequeño” de los R8 de segunda generación. Es decir, el V10 de 5,2 litros y 540 caballos. Potencia más que suficiente, como en el Coupé, para rebasar límites insospechados y, sobre todo, conseguir aceleraciones de vértigo. No te digo nada si no te andas atento con los radares, sales en las noticias de todas las cadenas de televisión con foto incluida.

Amén de un propulsor excepcional que ya conocemos del R8 Coupé de esta segunda entrega, no menos importante es la misma cifra de par, que hace que al menor toque de acelerador haya una respuesta inmediata. Es verdad que el R8 Spyder V10 pesa un poco más que la versión cerrada, 125 kilos, pero si no es con cronómetro en mano va a ser difícil percibir realmente las diferencias por cómo empuja este motor. Y no es menos cierto que la diferencia con el Coupé es de algo más de 14.000 euros en su contra. Pero a cambio hay una exclusividad para quienes buscan este tipo de carrocerías que tiene poco parangón.

Especial en todo

Que pese más no es un hándicap para el R8 Spyder. De verdad. No hay una gran diferencia, ni en prestaciones ni en sensaciones en su conducción. Especialmente en este último caso. De hecho, sorprende que la carrocería no se retuerza en ningún momento ni haya plásticos o guarnecidos por dentro rechinando. Es muy rígida, y se nota, además de que eso acompaña notablemente en el comportamiento.

La exquisitez que brinda en acabados es muy alta. Con la capota cerrada, ni siquiera la visibilidad en el ángulo tres cuartos trasero es mucho peor que en el Coupé. El nivel sonoro es tan bueno como en aquel, y a menudo se te olvida cualquier diferencia que pudieras encontrar. Cómo no, la carrocería tiene sus consiguientes refuerzos en el marco del parabrisas, esenciales, así como en otros lugares estratégicos. El cierre es perfecto contra el marco y no se produce ningún tipo de ruido. Se percibe enseguida la calidad que destila la construcción.

La capota hidráulica de accionamiento eléctrico es rápida quitándose y poniéndose y, cómo no también, resulta un espectáculo verla funcionar. Permite hacerlo con el coche en marcha hasta 50 km/h. Y el cristal trasero no va unido a ella, de forma que cuando la quitas para disfrutar del viento y del cielo por techo puedes dejarlo subido o bajarlo a golpe de botón. Si vas descapotado y con la luneta subida, escuchas menos el ruido del motor que llevas detrás, ese perfecto V10 de 5,2 litros que es una gozada. Además, claro, a golpe de botón desde el volante también tienes dos opciones de ruido del propulsor, la Estándar, más atenuado, y la Sport, más estruendoso y grave. Maravilloso, música en cualquier caso para otro de los sentidos casi fundamental en un superdeportivo como este, el oído. Si no sonara como suena este coche, no sería lo mismo, faltaría algo.

Descapotado, con las ventanillas subidas y si no eres muy alto, la conducción es perfecta. Con el cortavientos y la luneta subida, se va bastante protegido de las corrientes de viento. He echado en falta una salida de aire en el respaldo de los asientos a la altura del cuello o cabeza, pero nada más. Aquí es cuando cobra sentido un cabrio, y este R8 Spyder lo borda a niveles muy superiores a los de otros coches. El equipo de sonido, de la marca Bang & Olufsen, se puede oír sin problemas si por techo te has puesto el cielo. Bueno, y si has seleccionado el modo Estándar del sonido del escape.

Por otro lado, en cuanto a equipamiento se refiere, poco que objetar. Tiene muchas cosas, porque la lista es casi interminable, y se le pueden poner otras hasta mejorarlo notablemente o personalizarlo de alguna forma. Eso incluye desde asientos más deportivos a frenos “gordos” o faros láser, a todas luces recomendables.

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Vista al frente y acelerador a fondo

Desde que lo arrancas, el R8 Spyder te deja sentir la pasta de la que está hecho. La estabilidad es impresionante y parece casi como si llevara un imán que le pegara al suelo. Se hace irresistible no darle varios acelerones fuertes para comprobar su capacidad de tracción y aceleración. Aunque lo mejor es ir poco a poco. La arrancada en frío es una pasada, pues, al revolucionarse para calentarse durante unos segundos, el sonido que emite el motor es como una preinyección de adrenalina.

No muestra radicalidad ninguna, así que es un coche fácil de conducir rápido que no requiere que seas un gran experto en el magno arte del pilotaje. Al menos, digo, a ritmos elevados, porque otra cosa es en un tramo de rallye o en un circuito. La suspensión es dura, como debe ser para mantener en todo momento la estabilidad y contener cualquier movimiento parásito de la carrocería en situaciones límite.

Nuevamente, mediante el botón de turno, el Audi drive select permite elegir varios modos en los que la electrónica maneja ciertos parámetros, como suspensión, cambio, motor, etc. El Individual sigue siendo el más radical, ya que además desconecta algunas ayudas electrónicas, revoluciona un poco más el motor y prepara el cambio S tronic de doble embrague y 7 velocidades para una mayor rapidez en el cambio de marchas, entre otras cosas.

No se notan para nada los 125 kilos de más de esta versión abierta frente al Coupé, y el disfrute, con o sin capota puesta, es máximo y alucinante

La fuerza de empuje del propulsor, una tracción también sensacional y las ruedas de 19 pulgadas de serie y 20” en opción con gomas buenas hacen que el agarre sea muy alto, tanto en aceleración y frenada como en curva. A diferencia del anterior R8, la tracción quattro de este está mucho más elaborada, pudiendo entregar el 100% de la fuerza del motor al eje posterior de forma automática. De hecho, en general, suele enviar más par al eje trasero que al delantero.

Tampoco es fácil hacer que derrape, y es mucho más habitual el subviraje en situaciones límite. Esto hace que, repetimos, sea muy “conducible” hasta por manos verdaderamente inexpertas. Si solo hubiera sido tracción trasera, al modo de algunos Porsche, Ferrari, etc., no hubiese sido un coche tan dulce y hasta dócil de manejar. Se aleja por tanto de la radicalidad de aquellos, pero te deja una sensación de seguridad inigualable. Es por eso también que tiene un paso por curva de alto nivel, con una dirección muy directa y que en conjunto te hacen sentir un verdadero piloto de los de verdad.

En definitiva, el R8 Spyder no solo es un descapotable de armas tomar, con una estética impactante, atractivísima, es también un deportivo de altos vuelos, muy potente, muy rápido, caro y cargado de tecnología vanguardista, que hace que su conductor se sienta como el dueño de un tesoro.

Ficha: Audi R8 Spyder