Zona retro

- J.M. FERNÁNDEZ PELLÓN. Fotografía: Jorge BRICHETTE

Antonio Zanini & Carlos Sainz Reescribiendo la Historia

Seguimos mirando atrás este verano. Esta vez reproducimos un reportaje publicado en el Especial AUTOhebdo SPORT 1.500, en el que juntamos a Carlos Sainz y Antonio Zanini para probar nada menos que el Peugeot 205 T16 y el Renault 5 Turbo. Así fue... y así lo contamos.

Tras varios años ligado a Volkswagen, marca con la que logró en 2010 la victoria en el Rallye Dakar, Carlos Sainz fichó el pasado mes de marzo (2014) por Peugeot, firma que reclutaba a otros dos pilotos más: Stéphane Peterhansel y Cyril Despres. Los del león han montado este equipo de ensueño con el objetivo de luchar por el triunfo en el Dakar de 2015, rememorando los éxitos conseguidos en esta prueba a finales de los años 80.

Jorge Brichette

La llegada de Sainz a Peugeot, materializada en París con su aparición estelar a los mandos de uno de los laureados 205 T16 Rallye-Raid, me llevó rápidamente a colocar al “Matador” al volante de uno de esos impresionantes 205 T16 campeones del mundo de Rallyes en un reportaje de la revista. Dándole vueltas a la idea, y aprovechando un hito tan importante como es el número 1.500 de AUTOhebdo SPORT, pensé en redondear el reportaje, buscando ese algo más que a todos –incluido al propio Sainz– nos aportase aún mayor interés. Así que mi imaginación se puso a volar, retrocediendo casi 30 años, situándose en 1985, el año del debut de Sainz con el Renault 5 Turbo oficial y de la llegada a España del Peugeot 205 Turbo 16 que pilotó Antonio Zanini. Como recordaréis, ese episodio de la historia del Nacional estuvo marcado por las dos salidas de carretera de Zanini en los rallyes Costa Brava y Critérium Guilleries, y una sexta posición en el RACE-Costa Blanca, lo que hizo que el de Viladrau, debido a la imposibilidad de poner esa unidad a punto a su gusto, dejara el equipo Peugeot-Talbot Sport. Zanini fue el único piloto español que corrió con ese coche, ya que la solución de la marca francesa fue traer a Bruno Saby para disputar los rallyes Villa de Llanes (victoria) y El Corte Inglés (abandono por avería).

Así que, por un día, íbamos a dar la vuelta a la historia. Sainz pilotaría el Peugeot 205 T16 y Antonio Zanini se pondría a los mandos del Renault 5 Turbo. Nunca sabremos qué hubiera pasado si algo así hubiese sucedido…

Pincha en el nombre a continuación y verás cada coche en profundidad:

Trayectorias muy definidas

En la temporada 1985, Carlos Sainz disputó el Nacional, primero con el R-5 Turbo Tour de Corse y más tarde con el Maxi. | Jorge Brichette

Carlos Sainz conseguía en 1984 el título del Campeonato de Castilla a los mandos del Renault 5 Turbo de la Red Renault de Madrid y Provincia. Al mismo tiempo, Antonio Zanini se proclamaba campeón de España de Rallyes de Asfalto con el Ferrari 308 GTB Gr.4 y en la Tierra hacía doblete, ya que también se imponía con el pequeño Talbot Samba, ambos certámenes logrados con Josep Autet de copiloto. Zanini era piloto de Peugeot-Talbot, marca con la que había logrado los títulos de 1982 y 1983 (Internacional) a bordo de un Talbot Sunbeam Lotus. Al no disponer la marca francesa de un coche competitivo para disputar el Nacional –esperando el 205 T16–, la filial española le había permitido correr con otro vehículo, el impresionante Ferrari preparado por Michelotto.

El Peugeot 205 Turbo 16 con el que compitió en 1985 Antonio Zanini era un carreras-cliente llevado por el equipo Almeras. | Jorge Brichette

Por su parte, después de disputar el Rallye de Cataluña a bordo de un Opel Manta oficial, marca que le había tentado de cara a 1985, Carlos Sainz terminaba la temporada fichando por el equipo Renault capitaneado por Bernard Tramont. El debut de Carlos, acompañado por Antonio Boto, a los mandos del R-5 Tour de Corse que había llevado hasta entonces Genito Ortiz, fue en el Rallye Valeo. Aquella carrera, puntuable para la Copa de España de Rallyes, que, como el propio certamen, arrancaba su primera edición ese año, fue su primera victoria a bordo del coche amarillo y blanco. Precisamente en ese rallye, Antonio Zanini oficiaba de coche 0 con un espectacular Peugeot 205 Turbo 16 de calle, el modelo “stradale” del coche con el que iba a competir en 1985.

Jorge Brichette

Antes de renovar con Talbot, Zanini estuvo pendiente de una oferta de Opel, que trabajó por tanto a tres bandas, con Sainz, con él y con Beny Fernández, gallego que fue quien finalmente se puso a los mandos del Manta. No hubo, por tanto, en aquel entonces, ninguna posibilidad de ver a Zanini en Renault. 

El encuentro

Carlos Sainz y Antonio Zanini no pararon de recordar los momentos vividos con estos coches. | Jorge Brichette

Reuniendo a Carlos Sainz y a Antonio Zanini nada menos que se sumaban 12 títulos de campeón de España, uno de Europa, dos del mundo y un triunfo en el Dakar. ¡Ahí es nada!

Antonio llegó a Madrid directamente del Rallye Príncipe de Asturias, donde había acudido como siempre en calidad de asesor de los pilotos RACC que participan en el Nacional. El bueno de Antonio conducía una furgoneta de alquiler en la que, entre otros recambios, llevaba unos paragolpes y aletas de los coches de su equipo de las GSeries de Andorra: “¡No veas cómo los golpean y pierden los pilotos de motociclismo invitados a las carreras. Así que he aprovechado el viaje al Príncipe para recoger unos cuantos de nuestro proveedor asturiano”.

En esta fotografía posan junto a Zanini y a Sainz todos los que hicieron posible el montaje de esta comparativa. Una jornada inolvidable. | Jorge Brichette

Por su parte, Sainz, acompañado por Juanjo Lacalle –la persona que lo ha sido todo en su trayectoria: descubridor, copiloto, amigo, mánager–, apareció a los mandos de un Peugeot RCZ-R, el modelo más deportivo de la gama del león, una máquina de 270 caballos de potencia extraídos de un motor 1.6 turbo.

Desde el minuto 1 de este encuentro quedó clara la química, la simpatía y el respeto mutuo que existe entre ambos campeones, que pasaron una tarde amena y divertida

Antonio, que llegó con antelación a nuestra cita, estuvo charlando amigablemente con los propietarios de los dos coches. Fernando Garrido, el dueño del 205, le preguntó algunas dudas sobre su vehículo, especialmente importantes las referentes a la manera de utilización de los dos depósitos de combustible que posee este coche y al sistema, manual, que tiene de pasar la alimentación de uno a otro. Antonio también se interesó por cómo había adquirido esta unidad, y si tenía el famoso sistema DPV de precarga del turbo: “las unidades que vendían en la época a privados no lo tenían, ya que en su momento era un sistema muy innovador, del que construyeron tres variantes diferentes”.

Apasionados de los coches

Cuando Carlos Sainz se bajó del RCZ-R se dirigó directamente a Antonio, saludándolo muy efusivamente. “¡Qué tal, maestro!”, le dijo. Desde el minuto uno de este encuentro quedó clara la química, la simpatía y el respeto mutuo que existe entre ambos campeones, que pasaron una tarde amena y divertida, contándose multitud de anécdotas, muy emocionante para todos los que estábamos allí.

Rápidamente ambos se dirigieron a los dos coches y comenzaron a estudiarlos prácticamente al milímetro. “¡Qué cantidad de recuerdos!, dijo Sainz al ver el Maxi Turbo.

Jorge Brichette

Carlos tuvo el honor de comenzar la prueba, poniéndose a los mandos del 205 Turbo 16, en el que llevó de copiloto a su propietario, Fernando Garrido:¿Hasta cuánto sube? ¿Las nueve mil que marca el cuentavueltas?”, le preguntó el madrileño.Sí. Bueno… no lo sé, nunca le he subido hasta tan arriba”, le dijo Fernando. Sainz se dio varias vueltas a un tramo Mickey Mouse que habíamos trazado. Le hicieron falta tan solo unos metros para pasar por delante de nosotros cruzado, con un derrapaje supercontrolado y acelerando a tope. “¡Qué buenas sensaciones! Teniendo en cuenta que se trata de un coche de 1984, es impresionante lo bien que va. Quitando que no tiene dirección asistida, que es lo que más se echa en falta, se trata de un coche comparable a los modelos más modernos: tiene cuatro ruedas motrices, un motor muy alegre y el conjunto es muy divertido. Es un supercoche de carreras. Cuando te subes en un coche de esta época te das cuenta de lo duro de suspensiones que se trabajaba entonces, notas cada irregularidad de la carretera. Los recorridos de suspensión son mínimos con respecto a los actuales. Sin duda, ese es el aspecto en el que más se ha mejorado. Esas mismas suspensiones permiten mejor tracción. No tiene nada que ver”.

Antonio Zanini: “Me encantaría tener uno de estos para disfrutar en Rallyes de Clásicos, eso sí, para un conductor de mi edad, le colocaría una dirección asistida”

Estas eran las primeras sensaciones de Sainz al bajarse del T16. Rápidamente Zanini metía baza: “Es que antes los coches eran así de duros, lo que pasa es que no te acuerdas”. Al hilo les comento a los dos: ¡Pero ni siquiera tenían una simple dirección asistida, con lo que facilita la labor al piloto!”. Rápidamente Zanini contestó: “Los ingenieros de la época no la consideraban importante, y todo lo que fuera sumar peso a los coches…” Al mismo tiempo analizamos la seguridad de estos legendarios Gr.B: “Carrocerías de fibra, turbo, y unos depósitos de gasolina sin ninguna protección. Un cóctel explosivo, nunca mejor dicho”, nos cuenta Sainz.

La fascinación de un trasera

Antonio Zanini no llevaba un Renault de competición desde que en 1970, en sus inicios en las carreras, Papi Babler le dejó un R-8 TS que era de una de sus hijas. Desde que hicimos una comparativa con el Porsche de Miguel Fuster y su Talbot Sunbeam Lotus, Antonio me hablaba entusiasmado de los coches de propulsión, como el que le hizo campeón en 1982 y 1983, los Escort o el Manta (que nunca ha llevado). Así que cuando le propuse probar el R-5 Turbo, e intercambiar su 205 con Carlos Sainz, aceptó encantado.

Jorge Brichette

Cuando Antonio detuvo el R-5 Turbo a nuestro lado, Sainz enseguida abrió su puerta para ver qué le decía sobre él: “Qué divertido. Me encantan los coches de propulsión, y ahora me doy cuenta de que la combinación de esta característica y un motor turbo es ideal. Tarda un poco en cargar –esta unidad no cuenta con DPV–, pero enseguida te acostumbras. La dirección, sin asistencia, es bastante dura, pero en aquella época estábamos hechos a ello. Si lo tiras, puedes jugar mucho con él. Me parece que corre bastante”. A lo cual Sainz le interrumpió: “Si crees que este corre, con unos 220 caballos, imagínate con 350. La cosa cambiaba bastante”. Antonio continuó entonces: “Me encantaría tener uno de estos para disfrutar en Rallyes de Clásicos, eso sí, para un conductor de mi edad, le colocaría una dirección asistida”. Zanini entiende que como coche de disfrute el R-5 Turbo es lo más: “¿Eficaz? Habría que tener muchos bemoles para ir a tope con esto por los tramos”.

Carlos Sainz: “Cuando te subes en un coche de esta época te das cuenta de lo duro de suspensiones que se trabajaba entonces, notas cada irregularidad de la carretera”

¿Qué hubiera pasado si en 1985 ambos pilotos hubieran corrido con estos coches, intercambiados? Nunca lo sabremos: “El R-5 Turbo era un buen coche de asfalto. Era complicado de llevar. Aprendí mucho con él. Fue lo que tocaba”. Sainz no se aventura a reescribir la Historia. Por su parte, a Zanini tampoco le seduce la idea de dar marcha atrás: “Fui el único piloto del mundo en devolverle un coche al señor Jean Todt, y junto a Vatanen y Mehta uno de los tres que volcamos el 205 T16”. Genio y figura…