11 / 12 / 2008 Manuel Doménech

Consumada la traición, por Manuel Doménech

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Si Ferry Porsche levantara la cabeza y viera lo que está pasando en Porsche, seguramente pensaría que la marca de Stuttgart ya no es la que él creó. Se alegraría de que siga siendo una firma independiente, pero también le molestaría saber que en su marca de coches deportivos ya se admite prácticamente de todo.

Si Ferry Porsche levantara la cabeza y viera lo que está pasando en Porsche, seguramente pensaría que la marca de Stuttgart ya no es la que él creó. Se alegraría de que siga siendo una firma independiente, lo que en los últimos años de su vida empezaba a estar en entredicho, pero también le molestaría saber que en su marca de coches deportivos ya se admite prácticamente de todo. Ferry Porsche prometió en su día de forma tajante que nunca fabricaría un coche de cuatro puertas, y ya está ahí. Y aunque no lo dijo, porque entonces los vehículos diésel no tenían el más mínimo tirón en el mercado, seguro que si se le hubiese preguntado por la posibilidad de un coche así tampoco habría dado su visto bueno.

 

Pues bien, en sólo cuatro días de la semana pasada se han hecho oficiales tanto la berlina de cuatro puertas –con todos los genes deportivos de Porsche, pero berlina al fin y al cabo– como la versión diésel del Cayenne, para disgusto de los "porschistas" más radicales, entre los cuales me encuentro.

 

Wendelin Wiedeking, el brillantísimo presidente de Porsche, manifestó hace tan sólo cuatro años, cuando ya los coches de gasóleo se habían generalizado en el mercado, que no habría una versión diésel para el Cayenne (primera aberración Porsche... aunque no con cuatro puertas, sino con cinco, por lo que no se traicionaba a Ferry Porsche), y ahora ya la hay... y con motor Audi.

 

Y lo del Panamera de cuatro puertas era cuestión de tiempo, y ya es oficial, por lo que Wiedeking ha culminado la traición a la filosofía fundacional de Porsche. Ya no hay vuelta de hoja. Sólo me queda preguntarme: ¿eran necesarios estos pasos que se han dado? Confieso que, como cuando salió a la luz el Cayenne, debo convenir en que sí lo son. Cuando en 1993 Wiedeking cogió las riendas de Porsche, en el momento más difícil para la marca, nadie creyó que pudiera salvarla, y lo hizo, y desde entonces la empresa no ha dejado de crecer, hasta convertirse en el fabricante de automóviles más rentable del mundo, tanto, que se ha permitido el lujo de adquirir nada menos que el Grupo Volkswagen, el cuarto grupo automovilístico mundial.

 

Él salvó en aquel dificilísimo 1993 a un 911 prácticamente desahuciado, y ahora la aparición de estos "aberrantes" modelos puede ser la garantía de pervivencia por siempre para los deportivos de Porsche.

 

 

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