Comparativas

Porsche 718 Boxster S • Alfa Romeo 4C Spider Paraísos del asfalto

¿Puede la ligereza del Alfa Romeo 4C de 240 CV con el dinamismo ejemplar del Porsche 718 Boxster S de 350? Vamos a comprobarlo.

El Porsche 718 Boxster es una de las referencias dinámicas de su segmento y, de paso, de todo el mercado automovilístico. Las claves son su poderoso motor de 350 CV en la versión S que nos ocupa, el diseño desde una hoja en blanco como deportivo abierto de motor central o el excelso ajuste de la amortiguación, que tiene la aprobación del mismísimo Walter Röhrl. Si añadimos una estética atractiva y un interior de una calidad Premium, el resultado es uno de los modelos que más me seducen de todos los que he probado en mi cuarto de siglo como probador. Ahora voy a contarte cómo, con acabados de utilitario, nulo refinamiento, 109 CV menos y peores tiempos en Nürburgring, el Alfa Romeo 4C Spider es superior. Resulta todavía más apasionante. Veámoslo.

Por fuera

El atractivo de ambos modelos da comienzo con líneas muy afiladas y escasa altura, que hacen innecesario añadir alerones o defensas prominentes como los que necesita cualquier turismo deportivo para parecerlo. El Alfa se atreve con un diseño más explosivo, más de superdeportivo

Ambos beben de la historia estética de sus respectivas firmas, y si el 718 tiene esos ojos saltones de los 911, la parrilla del 4C le hace inconfundiblemente Alfa. También sus denominaciones son históricas, retoman nombres que no son nuevos para sus fabricantes. Así que, cuando caminas hacia ellos, disfrutas su atractivo y los dos te hacen querer indagar sobre el pasado; si eres un verdadero “tuerca”, simplemente te lo recuerdan. Emocionan incluso en parado.

¡No podemos verlo! Junto al maletero se esconde el motor 2.5 bóxer de 350 caballos.

El 1.7 TBi entrega 240 CV y cuenta con 4 cilindros en línea y turbo fijo. Es más picudo que el de su rival.

En su interior, la colocación central trasera de los motores les aporta un reparto de pesos inigualable por cualquier otra configuración, pareja a la de un F1, y los ha convertido de manera imperativa en biplazas. Tres son multitud. 

Ambos presumen de una buena posición de conducción, muy deportiva y tendida; te sientas muy bajo, con el volante paralelo a ti, pero es que en el Alfa literalmente debes dejarte caer al asiento y puedes tocar el asfalto con la mano izquierda sin estirarte. Y aquí comienzan las diferencias: en el Porsche te rodea un interior de lujo, con cueros y botones de tacto gozoso, mientras que dentro del 4C no hay hueco ni para el móvil, no hay pantallas de “nosécuántas” pulgadas, ni materiales ricos o superficies de tacto blando. Así que, como coche de lujo, el modelo alemán barre a su rival. Un no iniciado creería que los italianos están de broma, pues tratamos con coches de 80.000 euros.

Pero basta con apreciar el suelo del Alfa para comprobar dónde se ha metido todo el dinero que el 718 invierte en mostrar calidad: está en el chasis de fibra de carbono. Mientras el Boxster te acaricia con lujos, en el 4C puedes tocar y ver la bañera de fibra de carbono (que sirve de base al chasis) sobre la que está tu trasero, diseñada por Dallara y que ha logrado que su potro pese 1.040 kilos, ¡unos 400 menos que los de su rival! ¿Decíamos que el osado 4C intentaba parecer más superdeportivo que el Boxster por sus líneas? Pues resulta que, por su esqueleto, no solo lo parece, también lo es: solo modelos de la talla del LaFerrari o los McLaren tienen chasis de fibra de carbono. Alfa aprendió a hacerlos con el 8C, y es la fábrica de Maserati la encargada de construirlo. Los italianos no están de broma. Pocas veces van tan en serio.

La capota de lona del 718 es eléctrica y no quita espacio al maletero cuando la abrimos. | Jorge Brichette

En cuanto a sus techos, el Porsche apuesta por una capota de lona de accionamiento eléctrico, que ahorra peso y dinero frente a las duras –como la del Mercedes SLC–, y al plegarse no hace perder al coche ni un litro de maletero, que en dos huecos, delantero y trasero, alcanza los 300 litros de capacidad. 

La lona del 4C se quita manualmente de manera un tanto engorrosa... ¡pero ahorra mucho peso! | Jorge Brichette

El 4C vuelve a presumir de espartano y va más allá en ahorro de peso con una “tela con enganches” que hace las veces de techo, que debemos quitar manualmente de manera un tanto engorrosa y que anula la mitad del escaso maletero de 100 litros cuando la guardamos en él. Al hacerlo, se asemeja, una vez más, a los superdeportivos, con poca apertura al cielo, al estilo de los Ferrari Spider.

Motores

Ambos de 4 cilindros, el del 718 S es resultado de haberle amputado dos de ellos a su predecesor de 6, manteniendo la configuración bóxer. Cuenta con 2,5 litros de cilindrada, inyección directa y turbo de geometría variable para alcanzar los 350 CV a 6.500 rpm. Entrega la potencia a las ruedas traseras mediante una caja de cambios PDK de doble embrague en baño de aceite, y son opcionales elementos como la amortiguación de dureza variable o el Porsche Torque Vectoring, un diferencial trasero mecánico controlado electrónicamente. 

El motor del Boxster es muy superior, pero no puede con la ligereza de su rival

El propulsor TBi del Alfa, similar al que estrenó el Giulietta Quadrifoglio Verde, tiene 4 cilindros en línea, 1,7 litros y entrega 241 caballos a 6.000 vueltas con la ayuda de la inyección directa y un turbo BorgWarner de geometría fija. Envía la potencia al eje trasero mediante la caja TCT de doble embrague, en seco, y trae autoblocante de serie. Arranquemos.

En marcha

Siete marchas y doble embrague en aceite para el 718.

El botón Sport del 718 es brillante. El alerón trasero se levanta a alta velocidad o a voluntad.

Mucha rueda detrás y otras medidas doman la trasera del Porsche.

No hace falta llegar a las curvas para palpar las enormes diferencias que caracterizan el pilotaje de ambos coches. El Boxster, ese referente, cuenta con una notable diferencia entre el modo convencional y el deportivo: al activar este último, la caja baja dos hierros, la amortiguación se hace bastante más firme y el acelerador entrega la potencia sin retardo. Así, el tacto deportivo se hace tremendamente jugoso, y a pesar de ello no percibimos rudezas en la conducción. Es la magia Porsche, que siempre logra la eficacia propia de modelos con ajustes aún más agresivos. La potencia llega de forma contundente y ordenada, la caja PDK cambia en un parpadeo, las frenadas son cortas y la resistencia de los frenos, magnífica. Ah, y ahora, aunque el rugido del motor es espectacular, no lo es tanto como antes, no llama tanto la atención como el de su predecesor de 6 cilindros atmosférico.

También 7 velocidades y doble embrague en seco para el 4C. 

El ajuste deportivo (DNA) pasa desapercibido. En la zaga, un suave spoiler mejora la aerodinámica.

En el Alfa, la rueda posterior grande compensa el peor reparto de pesos.

Pero hoy tenemos entre manos algo muy especial. El Alfa 4C. En la arrancada, sus rudezas son las propias de un coche de carreras. La insonorización de la cabina es pobre y el grito del motor, totalmente natural, inunda la cabina. La dirección es tan directa que la primera vez que arrancas te cuesta llevarlo recto. Efectivamente, el escaso peso logra contrarrestar la diferencia de esos 109 caballos a favor del 718 y, con una relación peso/potencia casi calcada, el 4C acelera prácticamente en los mismos tiempos. Eso sí, el motor TBi es más picudo, tiene menos bajos que su rival y la potencia llega más tarde y más bruscamente. Notas la patada del turbo. Y el botón Sport (DNA) apenas cambia las cosas, pues no influye en la amortiguación, y poco en lo demás. Sobra. Es como si estuviese siempre conectado más allá de lo que ofrece el Boxster en el modo más deportivo. En cuanto a la frenada, con su ligereza logra al menos igualar, si no mejorar, los brillantísimos registros de su rival. Pocos coches en el mercado frenan como estos dos. 

Adentro

Llega la curva y vuelvo a situar al Boxster como referente de un coche de serie en cuanto al ajuste de su amortiguación: el eje delantero entra con fe ciega en los giros, en el vértice desliza de las cuatro ruedas, como buen modelo de motor central, y al acelerar a fondo la trasera cobra todo el protagonismo. Y en este punto recordamos que los Porsche modernos logran domarla como ningún otro fabricante, sin restarle eficacia. Están entrenados para que su trasera sea menos nerviosa en aceleración de lo que sería común para 350 CV, de manera que son más fáciles de pilotar y más difíciles de llevar “de lado” que, por ejemplo, un BMW M3; cuando empiezan a derrapar, hay un gnomo alemán pequeñito escondido que te lo devuelve a la trazada. Lo hace mediante ruedas más grandes detrás, electrónica y una pequeña concesión al subviraje que contrarresta el sobreviraje, entre otras medidas. 

Jorge Brichette

El Alfa Romeo 4C es superior dinámicamente porque, repito, es un coche de competición. Con su ridículo peso, logra hacer lo mismo que el 718 con mayor agilidad. Pero hay diferencias. Si también padece un ligero subviraje es en parte para que no se desmande fácilmente la trasera, pero sobre todo por su peor reparto de pesos, con un 60% detrás. Pero entra en los giros a velocidades imposibles. En ellos, como su rival, puede deslizar de las cuatro ruedas, y al acelerar a fondo la trasera parece que marca su presencia sin imponerse… hasta que haces un trompo. Si con el Boxster es difícil hacer drifting porque su trasera tarda en deslizar y enseguida quiere dejar de hacerlo, en el Alfa también el deslizamiento llega tarde, pero cuando lo hace es tremendamente brusco. Asusta. Como todo en él: sus reglajes son críticos en todos los sentidos, y notas rudezas en lo que accionas –freno, dirección sin asistencia, acelerador…– y en las respuestas dinámicas. Hasta en deceleración la trasera del 4C es mucho más viva, y hay que tener cuidado si quieres dejar de acelerar en plena curva. Es todo pasión.

Dos paraísos

En definitiva, podemos decir que el Porsche 718 Boxster es uno de los referentes en dinamismo entre los automóviles, entre todos ellos, y lo prefiero al 911 y a casi todo. Tiene una agilidad cercana a la de los coches de competición, con muchísima mayor suavidad, con sensaciones y con un lujo asiático. 

El Alfa 4C “es” un coche de competición –de los buenos– con permiso para rodar por las calles. Por eso logra mejorar el dinamismo de su rival, pero a cambio debe eliminar todos sus lujos, y su comportamiento es mucho más crítico: no es apto para todas las manos si desconectas su electrónica. 

Las líneas afiladas de ambos hacen innecesarios añadidos como alerones llamativos o defensas voluminosas. | Jorge Brichette

Así que el alemán es un deportivo perfecto para los que buscan diversión al volante, pero quieren además una joya y un transporte para todos los días. Para los verdaderos amantes de la conducción, el Alfa 4C es el Ferrari asequible, el coche de carreras que puedes llevar a la oficina, aunque se te salten los empastes en cada badén, el que te hará disfrutar más del pilotaje, un pilotaje que será mucho más exigente y reservado a manos expertas. Es más coche de pilotos. Es más coche AUTOhebdo.

Fichas comparativas entre: Porsche 718 Boxster H4 2.5 350CV S - Alfa Romeo 4C Alfa Romeo 4C Spider 1.7 TBi 240CV TCT