Comparativas

Abarth 124 Spider 1.4 vs Mini JCW Cabrio Chicos malos

Estos dos coches son los máximos representantes en sus gamas. Abarth nació por y para la competición, y el 124 Spider lo atestigua no solo con esos 170 caballos y la tracción trasera, lo hace también con los colores de guerra y una apasionada conducción. Mini contraataca con el John Cooper Works, que ahora entrega 231 CV con los que correr es tarea fácil.  

Una cosa es ser un coche descapotable. Y otra cosa muy distinta plantear el resto de la carrocería, la mecánica, la tracción y la conducción con formas tan diferentes. Este es el caso que nos ocupa.

Por un lado, el Abarth sitúa su motor en posición central delantera y envía sus 170 caballos al eje trasero. Su contrincante de ahora, el Mini John Cooper Works (o JCW) Cabrio ofrece mucha más potencia, nada menos que 231 CV, pero lo hace al eje delantero, y además plantea un coche más pequeño.

El juego de volante, acelerador y contravolante llega a su máximo esplendor y disfrute con este propulsión. | Jorge Brichette

El Abarth tiene un morro largo con el que apuntar en las curvas; el Mini, todo lo contrario. Y sin embargo, el italiano es un 2 plazas puro y duro, y el Mini dispone de 4 asientos, aunque no querrías ir demasiado tiempo sentado detrás. ¿Cosas en común? Los dos tienen mecánicas sobrealimentadas por turbocompresor y son los mayores representantes en sus gamas en cuanto a potencia se refiere (bueno, en el caso del Abarth es el único disponible).

“Juguetón” al máximo, el JCW consigue transmitir muy buen feeling a la vez que se puede tener un gran control sobre él. | Jorge Brichette

Propulsión frente a tracción delantera

Estos coches son diseño en muchos detalles. Las llantas resultan un elemento primordial, aquí con 205 de ancho.

En 17 pulgadas también, este tracción trasera se despacha con las mismas medidas de rueda que su rival.

Empujar de atrás o empujar de adelante. Esa es la cuestión. Tirar, empujar, desde el eje delantero suele plantear una conducción mucho más fácil. Y lo es si al menos no se sobrepasan ciertos límites. En tiempos pasados, sin los controles electrónicos ni los diferenciales que hay ahora, la cosa a veces se ponía peliaguada cuando sobrepasabas los 200 o 250 caballos. Perdías rueda, o sea, patinaban las ruedas delanteras, a veces de forma espectacular. Ahora, o no tanto, o nada de nada. Y es que la técnica avanza que es una barbaridad. Cada vez más y cada vez más rápido.

Eso mismo es lo que le pasa al Mini JCW Cabrio. Un coche tan pequeñito con tracción delantera a la que se le envían nada menos que 231 CV, que es la última evolución de serie que se vende actualmente del JCW. El más potente, vamos.

No solo este Mini se lleva con la gorra, aunque sea duro como corresponde, es que resulta raro que te encuentres con problemas de entrega de par. Los 320 Nm a 4.800 rpm son superiores a los 250 Nm del italiano, que, para compensar, están disponibles antes, a 2.500 vueltas. Una cosa por la otra. Los 231 caballos del motor del Mini, con 2 litros de cilindrada, más que los 1,4 litros del Abarth, se hacen notar al acelerar. Es verdad también que el transalpino, aunque menos potente, es muy vivo, reacciona muy rápido a lo que desde el acelerador se le ordena, y la potencia y el par que anuncia están a menos vueltas que en el JCW. Además, el sonido del motor del Abarth es mucho más bonito que el del Mini.

El Mini es mucho más potente con esos 231 caballos y anda más, pero el Abarth va muy bien y, deportivamente hablando, mola más

Tanto los controles electrónicos como el diferencial de deslizamiento limitado –los primeros pueden más o menos anularse– actúan de forma que la tracción resulta prácticamente intachable y el efecto de perder rueda es rarísimo que aparezca, solo bajo circunstancias muy definidas. Y aun así no pasa nada, porque suele desaparecer en segundos. Esto da como resultado el poder acelerar y aprovechar los 231 CV de este coche en todo tipo de trazados. Va muy plano y la transferencia de masas en las curvas no afecta mucho, ni mete miedo, en los virajes. Por eso, la sensación de control y el límite son muy altos. Es verdad que es, frente al Abarth 124 Spider, menos deportivo en cuanto a sensaciones.

No hay nada como un propulsión para los que gustan de verdad de una conducción deportiva, aunque exige más. El Abarth 124 Spider es perfecto. Ese morro largo que divisas desde el puesto de conducción (que como vas sentado más bajito y atrasado respecto al eje delantero lo parece todavía más) ayuda a apuntar cada curva, y a salir de ellas, como si fuera la mira de una escopeta. Es muy gratificante, y deportivo, junto con el resto de circunstancias que rodean a este descapotable.

Como en otro tipo de coches, descapotables hay muchos. Aquí tenemos dos muy distintos, uno pequeñito y otro de morro largo, tipo “spider”

El sonido que emite casi parece el de un V8 americano tragando gasolina como cuando en una presa de agua que está llena abren las compuertas. Casi. La palanca de cambios, en este caso manual, en el centro del túnel de la transmisión, y esa sensación de sentir la entrada de la potencia en el eje trasero, con tu culo sentado muy cerca, resultan sencillamente apasionantes. No vale con apuntar la curva, levantar el pie derecho y esperar pasar ese punto teórico de los virajes de un circuito. Aquí “redondeas”, o ayudas, con un poco de gas. De lo contrario, harás, seguro, correcciones con el volante. Exige, pero sin grandes riesgos; mola. También aquí el eje trasero no se encuentra solo. Me refiero a que la electrónica y el autoblocante están presentes. Y también facilita mucho la historia. Pero es que el coche es bueno incluso sin ellos. El primer MX-5 de Mazda, con poca potencia, era muy divertido y nada peligroso, porque sin controles de ningún tipo conseguía deslizar de atrás. Y sin llevar delante precisamente ningún motor con más caballos que un avión. Eran menos de 100 CV, no digo más.

En el caso del Abarth, el cambio manual es la guinda del pastel. Con él, frente al automático, gana enteros en cuanto a consideración deportiva. Es además durito y te deja apreciar bastante la inserción de cada marcha, casi como si se replicara en tu mano la entrada de cada eje de la caja y la actuación de los sincros. Una gozada. Tanto, que a veces cambias para sentirlo.

En cuestión de precio, y en estos dos casos que nos ocupan, no hay casi diferencia. El Abarth ofrece dos plazas, y el Mini, cuatro

En conjunto, el Abarth transmite mucho más que este Mini en carretera, aun siendo menos potente. Eso sí, el espacio del que disfrutas en el italiano es, o puede ser, casi claustrofóbico para algunos, aunque a todo te acostumbras. Es raro que pueda decirse que es menor que en el Mini, pero es así. Si te bajas del Abarth y te subes inmediatamente al Mini, parece que te has subido a un monovolumen. 

Dos mundos de calidad

Hay más diferencias, para lo bueno y para lo malo. Por ejemplo, la capota del Abarth es de accionamiento manual. No resulta ni difícil ni lento hacer la operación, pero no es eléctrica. En el Mini sí, y además el techo permite una configuración “targa” para no quitar toda la capota si se quiere. Lo que no me gusta es el resultado cuando la capota está desplegada en el Mini, pues, como verás en las imágenes, no queda integrada en la carrocería.

El Mini ofrece 4 plazas frente a las dos del 124 Spider. Cuestión de gustos y/o necesidades. Las traseras del Mini son pequeñas, pero ahí están para los que prefieran los cabrios de 4 plazas. Dentro de cada coche, curiosamente, el Mini goza de más espacio, porque el del Abarth es limitado, especialmente también en altura al techo.

Me gusta igualmente la decoración del Abarth, muy tradicional y bien llevada. También ciertos detalles del interior forrados en piel vuelta, que le dan un aspecto muy racing. El Mini aporta si cabe mayor calidad en los materiales, y teniendo en cuenta que los precios finales de estas dos versiones son muy parecidos…

En la forma y en el fondo, y lejos de ser cabrios al uso, el Mini y el Abarth son conceptos totalmente distintos. | Jorge Brichette

En fin, dicho lo del precio, que tantas veces puede ser determinante, pero que no es el caso, a mí el Abarth me parece que es más deportivo, que transmite más, que es más genuino en sensaciones de conducción, aunque sea menos potente. El Mini, por su parte, corre más y tiene mucha más potencia, y es también divertido en otro grado, además de ser un 4 plazas. 

Fichas comparativas entre: Abarth 124 Spider 1.4 Turbo MultiAir 170CV Automático - Mini Cabrio 2.0 231CV